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Pasión, fuerza y grito

   

El poeta Orlando Cova. | DA

ANTONIO AROZENA | Santa Cruz de Tenerife

No eran menos de diez poemarios manuscritos los que llevaba consigo Orlando Cova un día de 1984 cuando le conocí. Yo coordinaba Los Martes de Poesía del Café-Concierto Delfos, un local que se encontraba en las inmediaciones del Pabellón de Deportes de Santa Cruz. Allí se presentó con toda su obra escrita hasta entonces con la intención de participar en aquellas jornadas. Me sorprendió sobremanera tanta producción, desarrollada en los tres años anteriores. Allí había poesía intimista de corte romántico, poesía social y, sobre todo, una búsqueda “desesperada” del dominio del lenguaje poético. Entre algunas muestras de inmadurez e ingenuidad lírica, me encontré con un poemario con una coherencia estructural que destacaba del resto: Verbo amar en voz activa, que sería publicado en 1990 tras algunas correcciones.

De aquel encuentro surgió una gran amistad y su participación en Los Martes de Poesía y la edición de una plaquette de 24 páginas con una selección de la obra leída en el recital y en la que aparecen, entre otros, poemas sueltos de su obra editada posteriormente. Recital de Poesía puede considerarse -pues– el primer episodio de una larga relación de 21 títulos que conforman la obra publicada de Orlando Cova. Aquellos poemarios iniciáticos y la obra poética y narrativa posterior, podrían caracterizarse en torno a tres conceptos: Pasión, Fuerza y Grito. La pasión amorosa, casi adolescente, de sus poemarios íntimos; la fuerza y la contundencia conceptual y formal de un autor autodidacto que leía apasionadamente toda la poesía que cayera en sus manos -se definía a sí mismo como autodidacto después de que el poeta Félix Casanova de Ayala (San Sebastián de La Gomera, 1915 -Santa Cruz de Tenerife, 1990) le corrigiera un texto y le indicara que este término tenía los dos géneros- y el grito desgarrado de su obra de contenido social.

Orlando fue, en definitiva, un poeta visceral, y visceral fue también su sentido de la amistad, con la que se entregaba prestando su ayuda a los demás con mucho más acierto que cuando lo hacía para sí mismo. Nunca pudo quitarse de encima el “dolor de la vida” que lo atormentaba.

(Octubre de 2011)