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Pediatras: algo más que médicos

   

María José Hernández, pediatra del Centro de Salud Doctor Guigou y Costa de la capital. / JAVIER GANIVET

INMA MARTOS | Santa Cruz de Tenerife

Es de suponer que a ningún padre le agrada pasar una tarde en la sala de espera de una consulta pediátrica y “si lo hacen es porque están angustiados”. La pediatra de Atención Primaria del centro de Salud Doctor Guigou y Costa en Santa Cruz de Tenerife, María José Hernández, admite que “muchas veces las consultas se masifican porque los padres acuden más por preocupación que por la gravedad de una enfermedad”. La falta de tiempo para dedicarlo a dar información a los padres es uno de los motivos, según explica.

María José tiene dividida la consulta en 10 minutos para la visita de cada niño, aunque este tiempo se queda corto si tenemos en cuenta los minutos previos que hay que dedicar a desvestirlo, a calmarlo si llora, a distraerlo, a explicar… “Hay que tratar de ser muy delicada con ellos”, apunta. En los casos especiales, afirma, “tenemos la opción de gestionar una consulta de 10 minutos más”.

María José Hernández trabaja en el turno de tarde y aunque los cupos están igualados, no hay más que hacer una visita matutina y otra vespertina para darse cuenta de la diferencia que existe entre ambos horarios, ya que por las mañanas los niños van al colegio y los padres trabajan. Ella ha llegado a tener hasta 350 niños asignados en su consulta y reconoce que “es demasiado”, ahora tiene a 200. Cuando le preguntan por la solución, dice: “Al final acabas quitando tiempo a tu vida para dedicarlo a ellos”.

Mal uso de recursos

Para María José, el sistema sanitario español es una joya que la población no valora en la medida que debería. “Hay que aprender a utilizar bien los recursos y en gran parte es responsabilidad nuestra, de la sociedad”, asegura. “Solo entrar por la puerta de un hospital ya cuesta 200 euros y mi consulta 50 euros. Pero la gente eso no lo sabe y a quien se lo cuentas se queda sorprendido”. “Quizás”, comenta, “la administración debería hacer un esfuerzo en campañas de información para el buen uso de los servicios sanitarios, porque además de recursos, quienes hacen mal uso de ellos, están quitando tiempo a personas que a lo mejor lo necesitan más”, lamenta. “Queremos un milagro para que el niño se ponga bueno de hoy para mañana, porque no tenemos con quién dejarlo mientras dura una gripe, por ejemplo”, indica.

Los más pequeños, los lactantes y los menores de hasta tres años son los que más utilizan el servicio de Pediatría. “Se ponen malitos más a menudo y, además, hay que prestarles mayor atención y revisarlos de arriba abajo porque no se te puede escapar nada”, afirma.

María José alaba en especial la labor del colectivo de enfermería como colaboradoras imprescindibles de la labor de los pediatras. “Son un eslabón fundamental en la cadena, y sin ellos no podríamos dar la misma atención”. Aun así, tampoco pueden dedicar el tiempo que querrían a informar a los padres, “que muchas veces vienen con más miedo que otra cosa y se ponen siempre en lo peor, cuando lo más general es que lo que tengan sea lo menos grave”.

Cuando María José eligió su especialidad médica, “creía que los niños me iban a contagiar su alegría y su ingenuidad; y de hecho, así ha sido”. Además, tiene la ventaja de que la Pediatría engloba todas las especialidades médicas y permite un trato cercano con la gente.

No obstante, la doctora Hernández, al igual que muchos de sus colegas, desearía que en España existieran las subespecialidades médicas de la infancia, porque “el niño no es un adulto en pequeñito, tiene sus patologías propias y un especialista en gastroenterología no es un especialista en niños”. Aunque sin reconocimiento oficial, sí que existen pediatras que se han especializado en distintas enfermedades.