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Política para idiotas > Juan Bosco*

   

Vienen elecciones en medio de un clima turbulento que anuncia catástrofe cada cinco minutos y a mí no se me ocurre otra manera de hacerle frente sino asumiendo la responsabilidad, porque es el votante, que es quien elige, el que hace posible que un proyecto político salga o no adelante. Y no sirve la excusa de la manipulación; admitir tal cosa implica admitir también que el ciudadano medio se deja manipular, cosa idiota pero, quién sabe…
El derecho estrella que reconoce la Constitución a un ciudadano (al menos el que ha cosechado mayor éxito) es el del voto. Sin embargo, poco debe importar en el fondo cuando se ejerce como se ejerce. Lo digo con un ejemplo: cuando alguien decide adquirir un vehículo, se informa acerca de las diferentes marcas, modelos, precios, prestaciones,… No decide basándose en una valla publicitaria. En cuanto a la política, sin embargo, eso es precisamente lo que hace la mayoría de los electores, y es una tragedia. Una vasta masa de votantes practica su derecho sin conocer qué proponen las opciones políticas que concurren a unas elecciones, sin conocer la trayectoria y formación de los candidatos, sin conocer cuál ha sido la acción parlamentaria realizada por cada partido en el ejercicio anterior y sin conocer completamente la acción de gobierno desarrollada por el ejecutivo saliente; no conocen ni saben nada de nada, salvo lo que se anuncia (como en las vallas publicitarias) en titulares de prensa y televisión. Y con ese nulo grado de conocimiento de la realidad política de un país los ciudadanos se lanzan a las urnas movidos, mayoritariamente, por un mecanismo reactivo fruto del resquemor por haber sentido afectadas, mucho o poco, sus prioridades: en el caso del votante de derecha, la tradición, la moral y el dinero; en el caso del votante de izquierda, el empleo, la pensión y las ayudas sociales. Es decir, puro interés egoísta, propio de una sociedad que carece de sentido colectivo, que no es plural por más que lo afirme y que no es adulta políticamente porque no es honesta ni responsable cuando ejerce su derecho al voto. Quizás por eso es secreto, porque tal vez de vergüenza o miedo decir qué y por qué se vota. Una pena.
Este escenario mediocre, propio de idiotas, ha dado de sí una forma de acción política desnaturalizada, oportunista y pendenciera, en la que sobra desinterés general y en la que abundan listillos, gandules y mangantes (muy latino todo) que buscan solo una poltrona en la que pasar sus días; encima son los que más se hacen notar, ensombreciendo el trabajo serio y responsable de muchos otros que sí tienen un estricto sentido del servicio público. Resumiendo, mientras el voto no se ejerza con conocimiento de causa y no por impresiones emocionales (que rozan siempre la más absoluta estupidez); mientras en una decisión electoral pueda más el prejuicio, los estereotipos, la creencia ideológica ciega, el miedo y el complejo; mientras no exista una verdadera pluralidad de partidos que contemple incluso una opción de derecha republicana (como existió y gobernó hace ochenta años) y mientras en el inconsciente de la mayoría sigan latentes idas tan obsoletas y demenciales como las que vinculan al Partido Popular con el dictador del pasado, a Izquierda Unida con la izquierda atea quemaconventos y poco seria porque sus gentes no usan corbata, al PSOE con el felipismo y la ristra de chorizos que generó en los ochenta y a los nuevos partidos que buscan un hueco en el panorama público con pobrecitos perdedores de antemano, éste será un país políticamente idiota abocado a la deriva del bipartidismo y al yugo de los poderes fácticos.
Va a ser cierto eso de que tenemos lo que nos merecemos.

*juanbosco.gd@gmail.com