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Por un presidente sexy… > María Montero

   

Conocemos un dicho popular que simpatiza en muchos lugares del mundo y que viene a decir: “Detrás de un gran hombre…, siempre hay una gran mujer”, y, si lo aplicamos a la realidad, es posible que coincida en diversas ocasiones, aunque también sería interesante plantearse cómo y dónde se forjan los grandes hombres, y de qué “madera” están hechas las mujeres que los sostienen. La mayoría de los presidentes de países del planeta son hombres, y algunas mujeres presidentas han logrado la silla presidencial en recientes décadas; sin embargo, asistimos a un momento apasionante de nuestra historia, donde los parámetros políticos acerca de lo que representa ser presidente de una nación se encuentran en déficit. La medida de la autoridad de un jefe de Estado no tiene referencias claras de su ejercicio en la sociedad; y el canon de transparencia de los altos mandatarios se ha delimitado a discursos sin sentido, donde no hay respuestas transparentes de las gestiones realizadas ante la ciudadanía. Hay una gran parte de los presidentes del mundo bajo la atenta mirada de sus pueblos, porque hace tiempo se perdió la confianza, y hoy en día, ningún presidente garantiza seguridad ciudadana, ni procesos de paz en ninguna tierra. La palabra ha perdido prácticamente su valor; ya no hay glamour en su lenguaje postural, y con nota de humor ya no nos quedan presidentes sexys, y mucho menos auténticos líderes que vibren con sus gentes y devuelvan confianza y espacio para la creatividad de los pueblos. También hay honra en algunos presidentes, reyes, líderes, héroes, guerreros idealistas y cerebros inteligentes, hombres y mujeres, que han gestionado políticas desde el inicio de la historia, porque la política ha viajado durante siglos como herramienta de diálogo y vinculadora de compromisos sociales, pero además he de incidir en su progresiva degradación en el tiempo, por el uso incorrecto de ésta y su derivación hacia un colapso ideológico en la mayoría de las tendencias políticas. Y, en medio de tempestades ideológicas, el 20-N: los ciudadanos españoles deciden, por democracia, quién será el nuevo presidente de nuestra nación, y la verdad es que los candidatos aspirantes al cargo, con todo respeto, no me parecen muy sexys, en muchos sentidos. En concreto, han enviado dos mensajes a la población, que propongo descodificar observando su lenguaje subliminal. Uno es de Rubalcaba(PSOE), con puños cerrados en una imagen, sugiere: “Pelea por lo que quieres”, pero en coherencia le diría: “Peléate tú contigo mismo, y no enfrentes a los ciudadanos”; la otra misiva es de Rajoy(PP), tranquilo y en azul relajante en su cartel, señala: “Súmate al cambio”, al que aportaría esta descodificación: “Cambia tú primero y sé tú un modelo de cambio para la sociedad”. Representan ambos una ecuación sistémica simple de mamá dependencias (PSOE) y papá austeridades(PP) llevada al contexto político, creando un sistema dual sin permitir maduración política a la ciudadanía, manteniendo secretos de alcoba entre ambos y haciendo dependiente a un Estado del bienestar en quiebra de una conciliación inestable y casi ficticia por el alto índice de fricción entre dos fuerzas que tensaron tanto la cuerda que han roto muchas esperanzas de los españoles. Hay millones de ciudadanos conscientes, pensando en si votar a mamá o a papá soluciona la culpa que se proyectan entre ellos. Otros no toman partido, y otros sí. Aun así, invocamos a nuevos líderes, y si cabe, presidentes más sexys, que sepan ligarse a la gente con verdaderas soluciones, sin peleas y con auténticos cambios.
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