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va por el aire > por Benito Cabrera

Ranchos de ánimas > Benito Cabrera

   

Esta semana se celebró el Día de los Fieles Difuntos. La ceremonia de la muerte, en sus múltiples variantes, es una constante en todas las culturas humanas que ritualizan este último tránsito vital de una manera u otra. Desde tiempos precristianos, se conocían ritos druídicos que, en torno al 1 de noviembre (el comienzo del nuevo año celta), se realizaban en honor de Samhain, la deidad de la muerte.

La cultura cristiana abunda en ritos relativamente sofisticados, que abarcaban desde la música hasta la gastronomía. Dicho complejo etnográfico ha ido reduciéndose a poco más que las visitas al cementerio, en pro de tradiciones importadas del mundo anglosajón moderno. En Canarias, desde el siglo XVI, se dan cita no pocas referencias a esta fiesta, que tenía por protagonistas (aparte de a los finados) a las llamadas Cofradías de Ánimas, que recorrían las calles de localidades tan dispares como Tiscamanita en Fuerteventura o Barranco Hondo en Tenerife, pidiendo limosna destinada a misas, con el fin de rescatar ánimas del purgatorio.

Desaparecidas en las islas occidentales, perviven en algunas localidades de Gran Canaria, donde acaso el llamado Rancho de Arbejales-Teror sea el que ha mantenido una secular continuidad sin interrupción. Oyéndolos, pareciera que la intención de los Ranchos de Ánimas sea crear una atmósfera altamente emotiva, una especie de letanía envolvente y mística, que recuerde el tránsito de la muerte hacia el más allá. Lo cierto es que son poco conocidos y -como tantas tradiciones de notable interés- corren riesgo de extinción, al ser sus cultores gente ya de avanzada edad.

Para los que buscan algo más que Halloween, existen varias excelentes grabaciones discográficas de ranchos de ánimas canarios. Invitamos a los que no los conocen, que se aventuren a escuchar con mente abierta esta antiquísima y rica manifestación de nuestro folklore musical.