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Esto no se cobra > por Cristina García Maffiotte

Reflexionemos > Cristina García Maffiotte

   

Aunque la carrera empezó mucho antes, cuando era un secreto a voces que las elecciones se iban a adelantar y causaba cierto sonrojo ver a Zapatero deshojar una margarita a la que ya no le quedaban pétalos, lo cierto es que mañana terminan tres meses de mensajes, contramensajes, mítines, encuentros, ruedas de prensa, entrevistas, chulerías y frases hechas. Si usted no ha muerto por el aburrimiento que ha supuesto seguir una campaña con final anunciado, seguramente ya tendrá decidido lo que va a hacer mañana. Ya sabe a quién votar o a quién no votar, lo que no es lo mismo pero vale igual. O quizás ha decidido ya que pasará de participar en eso que los cursis y los locutores sin recursos llaman la fiesta de la democracia y por eso mañana ya ha quedado con su cuñado para ir a la playa a comerse unos camarones o ya tiene decidido quedarse en casa para sacar la ropa de invierno. En cualquier caso, lo de la jornada de reflexión, como si fuéramos niños pequeños que necesitan silencio para concentrarse y pensar, no tiene mucho sentido. Se agradece, eso sí, pero no tiene sentido alguno.

Estas 24 horas en las que no le pueden pedir el voto debería poder encontrar usted en prensa reportajes sobre los momentos estelares y curiosos de esta campaña. No me refiero a esas salidas de tiesto de algunos candidatos, esas frases que se salieron del guión y abonaron crónicas y reportajes sino a esas pequeñas curiosidades que probablemente le hayan llamado la atención pero a las que no le había dedicado un segundo para analizar. Aprovechemos el pseudoapagón electoral de hoy para reflexionar. Que no se diga que no le sacamos partido a estas 24 horas. Por ejemplo, ¿no le produce cierto desasosiego ver esos carteles electorales en los que los candidatos no miran de frente? Dos candidatos miran a un lado. Como si en vez de pedirle a usted el voto se lo estuvieran pidiendo a un tío que está al otro lado de la calle o, lo que es peor, como si les diera vergüenza mirarle a la cara. Nuevo lenguaje de propaganda electoral, lo llaman…, ya, seguro. Ahí hay gato encerrado.
¿Y qué me dicen del shock que provoca ver a una señora que en seis años ha pasado por cuatro partidos políticos, encabezando la lista de la que se supone (ejem) que tenía que ser una coalición de izquierdas ilusionante y alternativa? ¿Es que los que aprobaron las listas en Madrid no tenían algún conocido aquí, algún amigo, un familiar lejano al que llamar para pedir referencias? ¿Alguien que les dijera, en definitiva, que, lejos de animar, esa foto desalienta?

¿Y dónde están las fotos del candidato socialista por esta provincia? Que no digan que era para ahorrar porque les valía cualquier foto descartada de las últimas cuatro elecciones generales. La imagen de José Segura no ha cambiado en 16 años. Sigue exactamente igual. La misma escasa cantidad de pelo, las mismas gafas, la misma sonrisa. Como si en vez de haber pactado su reelección cada cuatro años con la federal del PSOE hubiera hecho un pacto con… bueno, ya saben con quien.

¿Y qué me dicen de esa nueva e inesperada faceta de los nacionalistas de amor por el arte? Esas figuras geométricas tan de Piet Mondrain; esa sensación de que las fotos les quedaron chicas y pensaron, pues ponemos colores, que por lo menos hagan bonito. Sinceramente, con la falta de noticias que ha tenido esta campaña electoral, me extraña que nadie haya hecho una profunda reflexión sobre el homenaje implícito que la cartelería de Coalición ha hecho al arte abstracto. Para que luego digan que están recortando en Cultura. Sin embargo, a mí lo que más pena me ha dado en estas elecciones ha sido comprobar cómo la crisis económica se ha llevado por delante la cartelería de los partidos minoritarios que siempre nos han alegrado los 15 días de campaña. Esos carteles domésticos, salidos de la impresora de casa, con esas composiciones de primero de photochop. Una lástima. Víctimas de una crisis que también nos ha impedido disfrutar de aquel himno a la perseverancia que era ver al cabeza de lista por el CDS cada cuatro años, fiel a su cita, siempre sonriendo. Veías esos carteles y te inundaba a partes iguales la lástima y el orgullo. Lástima porque pareciera que no tenía un amigo, un primo, un compañero de trabajo que le dijera “anda, déjalo hombre, que esta vez tampoco vas a salir” y orgullo porque era un valioso ejemplo de la capacidad de superación de la derrota de la raza humana. Cartelería a un lado, lo que más me ha llamado la atención ha sido el tema de los eslóganes. Esa sensación, que no es nueva pero que en esta campaña ha tenido una nueva dimensión, de que los lemas son todos compatibles entre sí. De que se eligen en las reuniones con la empresa de publicidad y no en las reuniones políticas. Porque juntos y enlazados podrían servir para vender un producto de Media Markt: “Ahora, con más fuerza que nunca, no seas tonto, pelea por lo que quieres y súmate al cambio. Olvida tu viejo DVD. Rebélate y no seas el último en comprarlo. Reiníciate y cómprate por fin un Blu-Ray. Porque tú lo vales y cada voto cuenta”. La constatación evidente de que estamos en manos de los publicistas. Ellos son los que mandan. No lo dude.