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Sobreviviendo a la crisis

   

VICENTE PÉREZ | Arona

El desempleo causado por la crisis del sector de la construcción, del que dependía parte de la economía de Cabo Blanco, ha desencadenado en este barrio de Arona una difícil coyuntura para las pequeñas empresas. Muchas han tenido que recortar plantilla, y todas han sufrido una reducción de ingresos. Sobrevivir a la crisis es ahora el objetivo de estos empresarios, que están dispuestos a seguir luchando, pero piden a las administraciones públicas más ayudas e incentivos, para capear un temporal que no se sabe hasta cuándo durará.

Juana Sierra y Luis García -emigrantes gomeros retornados de Venezuela- y sus hijos son un ejemplo de lucha por mantener sus negocios en Cabo Blanco. Estos empresarios, que abrieron un restaurante de lujo en pleno boom económico, en 1990, tuvieron que reconvertirlo en la arepera Doña Juana cuando llegó la crisis, buscando un cliente con menos poder adquisitivo. “Hemos tenido que despedir a personal y ahora toda la familia trabaja de sol a sol, sin cerrar ningún día; y aún así, ahora no ganamos dinero, sino que nos mantenemos tirando de lo ahorrado, porque la situación en Cabo Blanco está fatal”, explica Luis, hijo de los dueños del local.

“Antes la construcción movía mucho dinero en Cabo Blanco, se hicieron urbanizaciones; pero todo se acabó de repente, y algunas quedaron a medio construir”, afirma este emprendedor, quien se queja de que las pymes “no tienen suficientes incentivos para mantener el empleo ahora”.

De Argentina llegó hace más de 12 años Marcelo Márquez, quien hace cinco montó una empresa de fabricación e instalación de toldos. A su cargo tiene tres empleados: Claudia Avelio y Leandro Damián, también compatriotas suyos, y Francisco José Coello, natural de La Gomera. Este empresario ha podido maniobrar en la crisis para no despedir a nadie, y es consciente de que “la economía que había antes no era real, sino una gran fiesta del dinero que tenía que caer; ahora es una situación muy difícil, pero más real”.

Márquez augura que sobrevivirá a la crisis “quien se adapte a la nueva realidad, capacitándose más, mejorando el servicio, y trabajando más para ganar igual o incluso menos”. Una receta que él mismo se ha aplicado, porque “hay que saber manejarse en esta situación, porque trabajar, comer y vivir hay que lograrlo en todas las épocas, por duras que sean”. Este empresario argentino ya con nacionalidad española constata que Cabo Blanco “vivió un crecimiento rápido que se frenó de golpe, dejando seis o siete edificios importantes inacabados”.

Quien sí ha tenido que recortar plantilla es Marcos, dueño del bar cafetería Bandera, que antes tenía tres empleados y se ha quedado solo con uno. “Aquí mucha gente dejó la hostelería y se fue a la construcción, y ahora se plantean volver al turismo, pero no es fácil, porque los puestos están ocupados”, relata este restaurador, quien ha sufrido, como en los demás negocios de esta actividad, una importante merma en la recaudación. Pero eso sí, ganas de bregar no le faltan.