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ELECCIONES 20N > LA VOZ DE LA CALLE

Tambores de tradición

   

El artesano Dámaso Padrón Hernández, en su taller de El Pinar. | DA

DOMINGO NEGRÍN MORENO | EL PINAR

Suenan tambores de tradición en El Pinar. En un rincón de este pueblo herreño, el artesano Dámaso Padrón Hernández lleva treinta años dedicado a un oficio de melodiosa armonía.

Su secreto es “tener ilusión y ponerse”. A él le enseñó “un señor mayor”. Una semana le bastó para aprender “con una simple explicación”.

Son cinco tamaños de tambor. El más pequeño es el que más trabajo le da a Dámaso. Normalmente, tarda cuatro días. En menos de medio mes no puede terminar el mayor.

La madera se la proporciona el pino canario. Él mismo va a recogerla al monte. Se la entrega Medio Ambiente del Cabildo. En su taller la procesa. “La saco en tiras para el aro del tambor, que lleva un centímetro de grueso”, cuenta sentado en una silla. “Y lo demás lo hago yo todo”.

Lo de elaborar tambores es puro entretenimiento. “Esto no lo veo como una profesión, sino como una afición”, aclara Padrón. “¿Demanda?”, responde con una pregunta. “Para vivir de esto, cero”, resuelve la duda del periodista. “Cultivo una huertita, y con eso salimos adelante”, dice mientras señala hacia afuera. Dámaso está jubilado. Durante muchos años, su centro laboral -ahora de ocio- era una carpintería.

Las máquinas antiguas así lo atestiguan. También conserva el molino de gofio. “En los años 48 y 49, estaba día y noche funcionando. Era el único alimento que había entonces. Sigo atendiendo al público, pero a menor escala. De negocio, nada. Lo sostengo porque me gusta continuar lo que empezó mi padre”.
La familia se encargaba igualmente de suministrar electricidad a El Pinar. “Había que estar hasta las doce de la noche en invierno y hasta la una en verano”, recuerda Dámaso. Cansado de la carpintería, se compró un taxi para distraerse. “Estuve veinte años. Después me asocié a la cooperativa de transportes de El Hierro. En total, 47 años de servicio público”.

En todas las islas hay tambores hechos por él. Le ilusiona verlos por la tele. Incluso han llegado a Alemania.

“Los turistas suelen llevarse los más pequeños”, apunta. “Los grupos de Tenerife y de Gran Canaria sí compran en cantidad”. Los precios oscilan entre los 75 y los 200 euros.

El grado de dominio de este instrumento musical de percusión depende de las ganas y del talento. “El ritmo lo marca el pito [flauta], que es el que manda la parranda. Existen varios toques, y uno debe adaptarse a lo que vaya”.

Aparte del tambor, Dámaso hace flautas. “Antes utilizaba madera y metal. Ahora se usar el plástico. Cuesta menos perforar los agujeros y el pito es más liviano y suena bastante bien”.
Lo complicado es conseguir tubos a la medida, que “están en obras viejas y se empleaban en las instalaciones eléctricas”.

Las chácaras las abandonó por “latosas”.

A punto de terminar la conversación, en una esquina de la estancia surge el son del baile de la Virgen de Los Reyes. Es el tono del teléfono móvil de Dámaso.

“Nos preocupa más el volcán”

Sobre las elecciones del 20 de noviembre, atestigua que están “un poco nerviosos” por la crisis sísmica. “Nos preocupa más el volcán que la política”, atestigua Padrón. “Después vendrá lo demás”, añade.
“Lo que les pido es que esto se organice bien y que todos salgamos adelante, porque hay mucha crisis por todos sitios”, se lamenta. “No entiendo cómo una familia puede vivir con 300 euros al mes”, clama Dámaso. “Parece mentira”, apostilla.