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Tres horas cruciales ante el ictus

   

La rápida asistencia es clave no solo en la atención inmediata, sino también en las futuras secuelas. / DA

INMA MARTOS | Santa Cruz de Tenerife

Todos pensaban que Candelaria estaba de camino a playa San Juan. Por eso, durante unas horas nadie la echó en falta. Las cuatro horas que permaneció en el suelo de su habitación bastaron para que el infarto cerebral que sufrió en su casa antes de salir, dejara secuelas en un lado de su cuerpo, quién sabe si de por vida.
El infarto cerebral se presentó sin avisar, como ocurre en todos los casos, cuando cerraba las ventanas de su casa para marcharse de vacaciones.

Una de cada seis personas, como Candelaria, está expuesta a sufrir una enfermedad vascular cerebral aguda o ictus a lo largo de su vida. Según explica la doctora en Neurología del Hospital Universitario de Canarias, Mercedes Pueyo, la actuación médica en las tres horas y media tras los síntomas, es definitiva para atenuar los efectos devastadores de la merma de riego sanguíneo en el cerebro. “Lo ideal es actuar durante la primera hora; la hora de oro”, dice.

En Canarias se producen cada año 3.000 nuevos casos y de “cada dos personas que sufren un ictus grave, fallece una”, asegura la doctora. Por eso, es importante que todos los sanitarios implicados en la atención al paciente con ictus cerebral, sepan su cometido durante los primeros momentos.

Prevenir

Ahora bien, solo teniendo en cuenta algunas recomendaciones se puede controlar su aparición, ya que los factores de riesgo de esta enfermedad apuntan muy poco a la genética o la herencia y mucho a los hábitos de vida. El ejercicio físico; “basta con caminar media hora o tres cuartos de hora tres veces por semana”, apuntó; la alimentación equilibrada, no fumar y el control del azúcar, el colesterol y la tensión arterial, reducen en gran medida la posibilidad de sufrir un infarto cerebral.

Estos consejos son comunes a la prevención de numerosas patologías como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, entre otras. Mercedes Pueyo, afirma que “los factores los vamos acumulando durante la vida aunque no nos damos cuenta porque ni el colesterol, ni la tensión alta duelen, pero van limando las arterias y las llenan de un barrillo que las obstruye y no deja pasar el riego sanguíneo a todas las zonas del cerebro”.

Los síntomas a los que se debe estar alerta, sobre todo las personas que ya han cumplido los 65 años; edad en la que es más frecuente el infarto cerebral, son la repentina parálisis de un brazo, de una pierna, “si notamos que se nos tuerce la boca o no vemos”, dice la neuróloga del Hospital Universitario de Canarias.

Los síntomas pueden ser aislados o confluir varios y es probable que, si ha habido un ictus, se repita si no se toman medidas de prevención y con fármacos.

En el caso de Candelaria, notó que de repente un brazo y una pierna no le respondían y se desplomó. Aunque es más común en personas mayores, se puede producir antes, como a ella, con 48 años. También son las mujeres quienes acaparan más riesgo de padecer esta obstrucción de las arterias. El ictus cerebral puede ser irreversible dependiendo de la cantidad de masa encefálica que haya muerto durante el tiempo en el que no ha habido riego en la zona afectada.

Puede dejar secuelas como debilidad en las extremidades, alteración en el lenguaje, el habla o en la comprensión, dolor de cabeza o falta de equilibrio entre otras. Algunas de estas alteraciones pueden mejorar con el debido tratamiento rehabilitador, de la mano de logopedas y fisioterapeutas que reeduquen las funciones. A Candelaria la asiste cada día un fisioterapeuta y ha recobrado un poco de movilidad.

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La obstrucción vascular aguda es una urgencia comparable al infarto de miocardio

Todo ictus es una urgencia médica comparable al infarto de miocardio, y la atención sistematizada y precoz deriva en una mejor evolución clínica del paciente. Una llamada al 112 durante las tres horas y media tras su aparición facilitará la labor médica y el tratamiento.

Una vez en el centro hospitalario, comenta Mercedes Pueyo, neuróloga del Hospital Universitario, se le suministrará al paciente un tratamiento fibrinolítico intravenoso que disuelve los coágulos, con el fin de limpiar la arteria para que pueda volver a irrigar.

A las personas que salen indemnes de un infarto cerebral o enfermedad vascular aguda cerebral, porque han acudido inmediatamente al centro hospitalario, se les prescribe un tratamiento preventivo y comienzan a llevar un control estricto de todos los factores de riesgo como arritmias cardíacas, alimentación, tabaquismo, ejercicio físico, colesterol, etc. El tratamiento preventivo es generalmente el ácido acetilsalicílico, con el que se consigue que no se formen coágulos en las arterias ya que produce la dilución de las sangre haciéndola más fluida.

En el caso de que no se llegue dentro de esas primeras horas, lo común es el ingreso del paciente en el centro hospitalario y la realización del consiguiente estudio para conocer las causas y decidir el tratamiento adecuado y la rehabilitación que se necesita.

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