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Tres letritas > Alfonso González Jerez

   

La consulta popular anunciada por Papandreu -qué recuerdos, cuando uno leía a su señor padre, don Andreas, y se hacía cruces con su lucidez económica neomarxista; el líder de la oposición, por cierto, es asimismo hijo de un exprimer ministro- muy probablemente no se celebrará, pero la opción todavía culebreará durante unos días por despachos y cancillerías. Las consecuencias serán malas, es decir, no habrá consecuencias. Los gobiernos de Alemania y Francia seguirán adelante con ese engendro de fondo de estabilización financiera -ese billón de euros que, si fueran necesarios, nadie sabe a buen seguro de dónde saldrían- y con la receta de que solo la más estricta austeridad presupuestaria y el rigor mortis fiscal seremos felices y comeremos de nuevo perdices hacia mediados de siglo. Merkel sigue difundiendo entre sus conciudadanos la especie de que todos los griegos son como Anthony Quinn bailando el sirtaki en las playas hasta que se vacía el ánfora de vino, para luego volver a casa en un Ferrari. La crítica de izquierdas charloteará del macabro triunfo de los mercados sobre la democracia porque los griegos no podrán elegir entre dos opciones claras, definitivas, concluyentes:

a) ¿Quiere hambre, pingajos y miseria, con el euro?

b) ¿Quiere miseria, pingajos y hambre, con el dracma?

Cuando a uno no lo dejan elegir, la verdad, es para disgustarse. La democracia queda así tocada definitivamente, ya ven. Y para variar nadie sabe lo que ocurrirá ya no en la próxima semana, sino en los próximos días, con una Italia que parece al borde de la ruina. En Canarias nuestra ignorancia es más profunda, pero también es más particular, como el patio de nuestra casa, que es donde volveremos a cultivar papas y tomates para asegurarnos un mínimo proteínico en la renovada Unión Europea. Nadie sabe nada respecto al futuro inminente del Régimen Económico y Fiscal, que deberá ser renegociado con esta Europa agónica antes de 2014 -el tiempo de negociación real es apenas de dos años- si todo no vuela por los aires. Lo último que se conoce con cierta enjundia institucional es esa dadaísta declaración de intenciones sobre el REF que los tres grupos parlamentarios de la Cámara regional difundieron urbe et orbi el pasado marzo. Desde las pasadas elecciones autonómicas y locales la reforma del REF ha desaparecido virtualmente de la agenda política canaria, lo que resulta particularmente pasmoso en un contexto económico de crisis galopante y en medio de una situación política que se agrava por el momento en el continente. Es imposible detectar siquiera un rudimento de estrategia política sobre el REF -sustentada en propuesta concretas y argumentadas- en la acción del Gobierno autonómico. Como si aquí también se esperara a que escampe. Un error y, sobre todo, una insólita irresponsabilidad.