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UGT, al banquillo > Juan Henríquez

   

Cuando los sindicatos dedican más tiempo a ocuparse de su cuenta de resultados, de la plantilla o del mobiliario que a defender los intereses de la clase trabajadora y a resolver los problemas colectivos o individuales, mal asunto, algo se está haciendo mal. Si el dinero de las cuotas, más las subvenciones públicas (algo más del 75% del presupuesto total), y otros, no alcanzan para pagar cursos, actos, jornadas, nóminas, viajes, estancias y manutenciones de los dirigentes, es que entre el debe y el haber hay un desajuste que estrangula la acción sindical. Hoy nos vamos a centrar en las causas del mal endémico asentado en la UGT-Canarias.

Sin ninguna duda, ha sido la UGT-Canarias la que más presencia ha tenido en los medios de comunicación por conflictos internos de todo tipo en la última década. Pero lo peor, y lo más grave, es que han convertido el sindicato en una especie de búnker en el que se parapeta una docena, y me quedo corto, de parásitos liberados. Me cuesta llamarlos sindicalistas. Controlan todos los hilos del poder sindical; los hay que un día salieron de su puesto de trabajo, y ya han pasado veinticinco años y no lo han vuelto a pisar. Ponen y quitan ejecutivas, contratan y despiden a trabajadores/as, ¡y agárrense!, ejercen el tráfico de influencia para enchufar a la familia, aparte de emplear métodos pendencieros contra quienes se atrevan a contradecirlos. Hay otros temas que me parecen tan delicados que prefiero, de momento, no comentarlos.

Hasta hoy nadie ha pedido la suspensión, así que mañana a las 11.45 horas, en el Juzgado de lo Social Nº 6 de Santa Cruz de Tenerife, la UGT-Canarias se sentará en el banquillo de los acusados para defenderse de un despido improcedente realizado al amparo de un ERE recurrido, y con todas las papeletas para que sea declarado nulo. Un ERE que la autoridad competente rechazó por falta de informe de la Inspección de Trabajo, y que posteriormente fue nuevamente solicitado y aprobado con “triquiñuelas nada solventes”. Todo indica que acabará ante un contencioso administrativo. ¿Puede alguien capacitado, si es que queda alguno en la UGT-Canarias, explicar por qué se ha llegado a una situación tan grave, hasta perder toda influencia y credibilidad entre la clase trabajadora? Rotundamente, no, mientras esté en manos de inútiles y botarates.

Me llegan los insultos y abucheos, pero escuchen, papafritas: me importa un carajo lo que piensen de mí; amenazarme no pueden, esa licencia no la tienen conmigo. Me limito a decirles la verdad, aunque les duela, que decía Largo Caballero. Ahora, en plan mosca cojonera, y a sabiendas del daño que le están causando al sindicato y a los trabajadores/as: ¿por qué no se jubilan todos de una vez o se incorporan a trabajar?, si es que se acuerdan de dónde trabajaban, aunque algunos no conocen otro trabajo. Lo mismo queda alguna mente despierta en toda la UGT, y este artículo, crítico y despiadado, sirve de base para una reflexión interna que produzca el revulsivo de cambio que la UGT-Canarias está pidiendo a gritos: ¡machuco y limpia!

juanguanche@telefónica.net