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Un gran pacto > Jorge Bethencourt

   

En España hay 46 millones de ciudadanos y ciudadanas. Tenemos un poco más de 18 millones de personas consideradas clase activa, es decir, aptas para currar. De ellos hay que restar cinco millones de parados, con lo que nos quedan 13 millones de privilegiados que tienen trabajo. De ellos unos 3,5 millones son empleados públicos de la administración central y, sobre todo, de los 17 reinos de taifa autonómicos, 47 diputaciones y cabildos y más de 8.000 ayuntamientos. Es decir que trabajando en el sector privado tenemos poco más 9 millones de sufridos contribuyentes de un total de 46 millones de almas. Y si uno mira la pirámide de población, se echa a temblar. A la gran masa de jubilados de dentro de una década las va a mantener Rita la Cantadora. Esta gran empresa no funciona. No funciona porque no produce lo que debiera. Porque cada día trabaja menos gente. Porque cada día hay menos trabajo. Porque cada día cierran más empresas. Porque nadie tiene la solución o todos tienen una solución distinta y no son capaces de ponerse de acuerdo para elegir un camino, apretar los dientes y comenzar a andarlo.

En este país no hacemos sino hablar de planes de empleo, programas de empleo, lucha para crear empleo… y generar más paro. No hacemos sino hablar de medidas contra la crisis mientras sus efectos se hacen más y más devastadores. Los indicadores de pobreza se disparan como la espuma mientras el Banco de España chalanea con los bancos y cajas, entre indemnizaciones multimillonarias. Asistimos a la pelea de los grandes canes por el hueso de La Moncloa mientras el modelo de Estado naufraga día a día. El Rey Juan Carlos I se ganó una legitimidad que no tenía cuando -tras ser elegido por Franco- promovió un cambio hacia una democracia parlamentaria y la defendió después contundentemente (corrigiendo algunas veleidades) una aciaga noche de febrero de 1981. Y es probable que el príncipe Felipe, si no quiere heredar un reino en bancarrota y un pueblo de mendigos, tenga que plantearse seriamente llamar a los representantes de todas las partitocracias, a los paniaguados de sindicatos y organizaciones empresariales y sociales y plantearles que o son capaces de alcanzar un gran pacto por la salvación nacional o los fusila a todos al atardecer en los jardines de palacio. Algo así va a a ser necesario para que el PIB nacional de mentecatos logren hacer algo en común.

@JLBethencourt