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Un liderazgo con habilidad y coraje > Manuel Iglesias

   

Estas elecciones que se celebran hoy son una de las más trascendentales de las que se han realizado en nuestro país desde la instauración de la democracia, no tanto por la elección de modelos ideológicos, sino por lo que los ciudadanos puedan querer que signifiquen de elegir el camino por el que vamos a transitar y que nos va a reclamar a todos sacrificios, sea quien sea el que gane.

Quien asuma la responsabilidad de presidir el Gobierno va a tener un reto muy difícil y será necesario que demuestre que posee una fortaleza y un coraje especial para tiempos complicados. Porque hay momentos históricos de tranquilidad política y otros de crisis y de grandes cambios y cada uno requiere de liderazgos distintos para desafíos de intensidad diferente.

Para las épocas de sosiego, de avances económicos y de calma social, los dirigentes han de poner sobre todo eficacia, capacidad de gestión y honradez en la administración de lo público. Pero en momentos tormentosos, además deben aportar importantes dosis de valentía y habilidad para dar respuesta a problemas que no son sólo los de hoy, sino que probablemente vienen en un mañana inmediato y hay que afrontarlos antes ni siquiera de que nazcan y casi sólo intuyéndolos.

Aquí no hay consejo que valga, porque el panorama es cambiante y sujeto a influencias internas y externas que se han vuelto muy impredecibles. Pero responder a la crisis haciendo lo que siempre se ha hecho tal vez puede ser el camino más directo para equivocarse. En tiempos como los presentes, donde estamos viviendo algo que de alguna manera es la transición de una época a otra, donde parece que entran en revisión muchas de las metas del estado del bienestar, los liderazgos se convierten en extremadamente complejos, porque, aunque algunos tengan muy claro qué es lo que debe quedar atrás, no es tan obvio lo que debería reemplazarlo.

Y no es bueno que el nuevo Gobierno, aunque se maneje en una mayoría suficiente, descarte la conveniencia de formar grandes pactos con otras fuerzas como las nacionalistas e independientes, no porque las necesite para un respaldo parlamentario, sino por crear y visualizar ante los españoles un gran pacto nacional, lo más amplio posible, que supere diferencias para trabajar junto. No hay a la vista en los próximos años convocatorias electorales estatales -aunque sí alguna autonómica importante, como la de Andalucía- y ello podría dar un respiro para reducir las confrontaciones.

Necesitamos un liderazgo en el nuevo presidente que no sólo sea capaz de movilizar un “no a esto”, sino también convencer a la sociedad sobre un concreto “sí a esto otro”. La tarea no es sencilla, porque es mucho más factible generar acuerdos amplios para oponerse a algo que para concordar una acción específica, pero si no se supera el desafío, el fracaso no será de un Gobierno, sino de todo el país.