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Un principio fundamental > Jaime Rodríguez-Arana

   

Estos días se ha dado a conocer una sentencia de un juez inglés del Tribunal Supremo acerca de una solicitud de retiro de la alimentación artificial a una enferma grave que se encuentra en situación de mínima consciencia por parte de la familia. En efecto, el magistrado del Tribunal Superior del Reino Unido Baker acaba de sentar una relevante jurisprudencia al rechazar una solicitud de eutanasia a instancias de la familia de una mujer en estado grave por entender que la preservación de la vida es una cuestión muy importante que afecta a los principios, máxime si, como es el caso, la enferma se encuentra en estado de mínima consciencia. La familia de la mujer instó la solicitud de retiro de la alimentación artificial amparándose en el sufrimiento de la enferma. Tal petición fue rechazada tanto por el defensor de las personas más vulnerables y por las autoridades sanitarias. El juez en su veredicto señala que en el caso sometido a su juicio existen experiencias vitales positivas que razonablemente pueden aumentar en el tiempo. En este sentido, el nudo gordiano de la resolución judicial parte de la base de la centralidad de la preservación de la vida, que, en opinión del juzgador, es un principio fundamental que aporta un peso sustancial en el caso. Baker reconoce en su sentencia que la mujer en el estado de postración y enfermedad en que se encuentra sufre, experimenta dolor y ciertamente su invalidez restringe obviamente lo que puede hacer. A pesar de ello, el hecho de que la enferma presente algunas experiencias positivas que pueden aumentar con un programa planificado de creciente estimulación aconseja la preservación de la vida y, por ende, el rechazo de la solicitud de retiro de la alimentación artificial. En la fundamentación de la resolución judicial, aunque la mujer presentaba un cuadro médico francamente grave: lesión cerebral desde hace ocho años sin posibilidad de hablar, los informes médicos señalaron que a pesar de la apariencia de estado vegetativo, en realidad la paciente estaba clínicamente estable y con una vida no carente de elementos positivos.

La resolución del juez, calificada de histórica, sentará jurisprudencia y, a partir de ahora, en todos aquellos casos en que el paciente muestre un estado de mínima consciencia, habrá que decidir por la vida y no por la muerte. Siempre que haya vida, aunque sea incipiente, hay que defenderla y preservarla. Es de sentido común.

*Catedrático de Derecho Administrativo | jra@udc.es