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Un socialista en el Común > Francisco Pomares

   

El menos común de los políticos canarios, ese político incombustible e irrepetible que es Jerónimo Saavedra, será elegido Diputado del Común por el Parlamento de Canarias antes de que concluya este mes. Su elección, que parecía inicialmente fruto de un consenso institucional del que participaba el PP, se ha realizado finalmente con el PP en contra, y sin que nadie tenga muy claro por qué Soria decidió apoyar a Saavedra en el arranque y negarle ese apoyo después. Al final, Saavedra sale sólo con los votos del Gobierno, suficientes para decidir un recambio tan urgente como polémico. Saavedra sustituye en el puesto a Manuel Alcaide, un magistrado conservador y ajeno a las lides políticas, que -probablemente a su pesar- se había eternizado en la Diputación por la incapacidad manifiesta de los partidos para ponerse de acuerdo en cesarle y nombrar a otro. La prolongada etapa de Alcaide en el Común no ha sido precisamente brillante: el hombre se lió con la inmigración, cedió a la presión mediática y dijo algunas cosas absolutamente inadecuadas. Además de esas torpezas de Alcaide, durante su etapa, la institución, diseñada para ser la penúltima instancia ciudadana para resolver agravios y desatenciones de la Administración, ha servido de bien poco, aparte de crecer de forma desordenada y sin control. Hoy, el Común carece de apoyo social y los políticos sólo le prestan atención como aparcadero de elefantes. En ese sentido, la elección como Diputado de un político profesional de 75 años como es Saavedra no parece en principio una buena idea. Suena a empleo de consolación tras la derrota en la Alcaldía de Las Palmas.

Otra cosa es lo que Saavedra, que ha peleado por el nombramiento con más energía y entusiasmo de lo esperable a su edad, sea capaz de hacer por dar lustre, sentido y contenido a una institución languideciente, ajena al devenir público y sin prestigio alguno. Para empezar, ha tenido Saavedra que renunciar a la militancia en el PSOE, condición que parece una herencia de tiempos de la dictadura. La independencia de criterio debería tener hoy poco que ver con la ideología o la militancia. Pocos políticos canarios se han situado como Saavedra en la heterodoxia y la libertad de juicio. Y eso sin necesidad de tirar el carné del partido a la basura. Ahora ha cumplido ese trámite ridículo, que no significa absolutamente nada. No se le juzgará por dejar de ser socialista, sino por ocuparse de los problemas de las personas y de sus cuitas ante la Administración.