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Una ciudad dentro de la ciudad

   

Los vecinos dicen que el barrio tiene un valor especial desde el punto de vista arquitectónico. / JAVIER GANIVET

NANA GARCÍA | Santa Cruz de Tenerife

En medio del debate sobre el futuro del planeamiento y la gestión urbana del municipio de Santa Cruz de Tenerife, los vecinos del barrio de García Escámez solicitan que este núcleo residencial construido en la década de los 40 del siglo pasado sea declarado Bien de Interés Cultural, con la categoría de conjunto histórico, con el objeto de proteger, recuperar y conservar su estructura original. “Es uno de los ejemplos de barrios diseñados para lograr unas condiciones de vida humildes pero dignas, debido a que cuenta con servicios y necesidades básicas cubiertas”, argumenta el arquitecto especialista en patrimonio Joaquín Galera Gaspar.

Coincidiendo con la construcción espontánea que se produjo en la capital tinerfeña tras la Guerra Civil, debido al gran flujo migratorio del campo a la ciudad, hubo dos excepciones de barriadas populares promovidas bajo el Mando Económico del Archipiélago: La Victoria y García Escámez. Esta última, edificada en la margen derecha del barranco del Hierro durante el mandato del general que le da nombre, constaba de construcciones de 301 viviendas de dos y cuatro plantas. “En aquella época -explica Galera- también se dio ese fenómeno de recuperar qué era lo que nos definía en cuestión de arquitectura, costumbres y cultura”. Así, por ejemplo, se aprecian elementos en la tipología, volumetría y materiales de las construcciones como la cubierta de teja o el pórtico de entrada al barrio, y balcones de madera imitando el estilo canario en algunas casas. “Se intentaba, a partir de esos elementos básicos del pasado, construir algo moderno y actual”, lo que constituye una de las cualidades “más interesantes” de esta urbanización, según Galera.

Calidad y cuidado

Si bien esta actuación presentaba, desde el punto de vista arquitectónico, “características de la arquitectura folclorista típica”, es preciso destacar la calidad y el cuidado con que se llevaron a cabo los trabajos. “Esta urbanización está hecha con cariño y con un interés por reflejar una mentalidad de la época, donde se vuelve a toda la recuperación de lo propio, algo que ocurrió años después con los nacionalismos”, indica el arquitecto. Desde una perspectiva urbanista, “lo más interesante fue la idea de hacer una gran pequeña cuidad con una rambla propia, una plaza, un mercado (La Abejera), una iglesia o un centro escolar; es un barrio pensado para ser el centro de equipamientos de toda el área”, agrega Joaquín Galera. Según relatan miembros de la Plataforma vecinal de La Abejera, García Escámez y Somosierra, el abandono y el escaso mantenimiento por parte de la administración ha deteriorado considerablemente el barrio hasta el punto de que ha perdido muchos “elementos compositivos”. Por ello, solicitan la declaración de BIC así como un estudio integral que permita dinamizarlo económicamente, para que el barrio forme parte de los atractivos turísticos de la capital tinerfeña.