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Una de cangrejos > Jorge Bethencourt

   

(Para Benito Cabrera, por alucinaciones)

El tipo estaba viendo a un pescador que sacaba cangrejos del agua con un artilugio. Le iba bien. Algunos los depositaba en una cesta que luego tapaba cuidadosamente. Otros los tiraba en una cesta abierta. Y así durante un buen rato. Picado por la curiosidad el ciudadano se acercó al pescador y le interrogó. “Usted perdone. Llevo aquí un rato viéndole coger cangrejos y observo que unos los mete en esa cesta de ahí y los tapa”. “Ah, sí. Es que estos son cangrejos alemanes. Los jodidos son muy listos. van trepando, se van poniendo unos encima de otros y si no les pongo una tapa acaban formando una escalera y saltando fuera de la cesta”, le contestó. “Interesante. Pero ¿Y los de la otra cesta? Porque a esos no les pone tapa”. “Bueno… con esos no hay peligro -replicó el pescador- son cangrejos canarios. A la primera que uno de ellos intenta trepar para salir del cubo los demás lo agarran por las patas y se vuelve a caer dentro”.

La moraleja de este conocido relato se podría aplicar a muchas sociedades, no sólo a la nuestra. Pero viene como anillo al dedo de nuestra idiosincrasia. Aquí el que destaca en algo se expone inmediatamente al peligro cierto de que su entorno profesional intente minimizar sus méritos y devolverle al fondo del cubo.

La empresa nacional de demoliciones es absolutamente democrática. Nadie está exento de ser objeto de sus atenciones, sea cual sea su ideología, su profesión o sus logros. Porque lo que odiamos de manera enfermiza es el éxito, que siempre está subvencionado. Y aunque la envidia es universal, el endemismo canario consiste en que cuando vemos a alguien con algo que nos gusta no deseamos poseerlo también, sino que el otro imbécil lo pierda. Es decir, que nuestra envidia no es un motor para lograr algo, sino un ácido que persigue la destrucción de lo que otros consiguieron poseer o hacer.

Aceptar que otros son más listos, más cultos, más preparados o simplemente más afortunados que nosotros es el primer paso para intentar ser mejores. Una sociedad que no valora a los triunfadores está enferma. La nuestra es así. Si tienes éxito en algo, si te va bien en la vida simplemente porque has tenido suerte o has logrado algo, ándate con ojo. El resto de los cangrejos te estamos mirando.

@JLBethencourt