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Una historia que debe ser recordada > José L. Conde

   

El único actor que, desde el principio, persiguió un objetivo claro, fue Adolf Hitler. Todos, y los comunistas los primeros, subestimaron su energía destructiva y su falta de escrúpulos, y también su capacidad para movilizar a las masas desesperadas”. Este es uno de los párrafos escritos por Hans Magnus Enzensberger (Baviera, 1929) en su último libro Hammerstein o el tesón, editado por Anagrama. En esta obra el autor alemán narra la vida de la excepcional figura del barón Kurt von Hammerstein, general que en 1930 asumió el mando del Ejército hasta que tres años después Hitler reveló cuáles eran sus bárbaros planes.

Enzensberger dice que con esta obra no ha escrito una novela, más bien la explica como una “comparación osada: procede de manera más análoga a la fotografía que a la pintura”. En la misma ha realizado una intensa búsqueda de documentación a lo largo de los años e incluso se ha servido de “la muy digna forma literaria del diálogo con los muertos” para contarnos la vida del general alemán que renegó del fascismo y, sin embargo, miró hacia otro lado.

Volviendo al protagonista, Hammerstein, al conocer las terribles intenciones de Hitler se convierte en un firme opositor al nacionalsocialismo a la vez que vive la propia decadencia de la clase militar alemana. Junto al hilo conductor de la historia, el barón, está su familia compuesta por su mujer y sus siete hijos, algunos de ellos implicados en el fallido atentado del 20 de julio y otros comprometidos con el antifascismo y espiando para el Partido Comunista. La historia de la esposa, María, de raíces aristocráticas, también es una demostración de una fuerte voluntad que llegó incluso al momento en que se le paralizó medio cuerpo, ya anciana, y se dejó simplemente morir.

El escritor contrapone la figura de Hammerstein y el silencio que la rodea con, por ejemplo, la de Thomas Mann, que tomaba nota de todo y “aquel que quiera saberlo puede comprobar qué comió el escritor en determinadas días y por culpa de quién se enfadó”. Sobre aquella reserva, Enzensberger señala que “para el que tuvo que aprender en tiempos de dictadura, que puede ser peligroso decir todo lo que a uno se le pasa por la cabeza, esa discreción puede convertirse en una segunda naturaleza, en una costumbre que no abandonará con facilidad. De ello encontramos muchos ejemplos en la conducta de muchos supervivientes del genocidio que han callado sobre sus experiencias, a menudo durante décadas”.

Este ensayista polémico y personalista nos revela en un ágil texto las múltiples contradicciones que vivió la Alemania de Hitler a través de la familia del barón Hammerstein y de quien su hijo afirmó que “debió ser terrible para él estar ahí y ver con los ojos abiertos cómo se destruía Alemania sin que él pudiera hacer nada. Prácticamente nadie como él previó lo que iba a pasar”. En definitiva la historia de un hombre, que debe ser recordada, y que dijo que “el miedo no es una visión del mundo”.

jlcondemiranda@gmail.com