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Una huelga inútil > Francisco Pomares

   

La inmediata rectificación de Rivero sobre el copago sanitario, después de la durísima desautorización de la candidata Ana Oramas, sonaba ayer, en medio de la jornada de huelga, como el penúltimo estertor de un debate en falso sobre la financiación de los servicios sanitarios, un debate oportunista e inadecuado en sus formas y tiempos, y alentado en su precipitado cierre por las urgencias e intereses de la campaña electoral. Mientras los políticos dan el espectáculo (ellos sí se pelean por lo que quieren, y de qué manera), la sanidad de las Islas se deterioraba un poco más con una huelga forzada e innecesaria. Una huelga justificada desde la perspectiva de la defensa de los puestos de trabajo de esos casi tres mil eventuales que van a ser inmolados por los recortes de los próximos dos años, pero completamente inútil para impedir que los despidos se produzcan, porque la sangría de los recursos públicos es ya imparable. Es cierto que los sindicatos tienen razón cuando acusan a Sanidad de haberlos engañado: desde el Gobierno se les había dicho (a ellos y al conjunto de la ciudadanía) que las últimas decisiones -cerrar quirófanos y aumentar las horas de servicio del personal- tenían que ver con la mejora de la calidad y con una mayor eficiencia de la gestión, pero que no iban a afectar al personal. Después del despropósito de las declaraciones de Rivero sobre los salarios de los sanitarios -una forma como otra cualquiera de meter más calor en una caldera ya a presión- cuando por fin se sentaron los sindicatos a negociar con la Consejería, ésta no pudo poner negro sobre blanco a lo que venía jurando de palabra. Porque la realidad es que no hay recursos para sostener el sistema, no hay dinero para pagar los salarios de esos casi tres mil empleados a los que ahora se menciona con extraños eufemismos, como si no ya hubieran dejado de existir, sólo por el hecho de que no tienen creado su puesto en plantilla. Lo único seguro es que -con huelga o sin ella- en los próximos dos años esas personas van a quedarse en la calle, y luego ya veremos cómo se atiende un sistema que ya hace aguas por muchos lados. Ante un ajuste laboral de esa envergadura, sería absurdo pedir a los sindicatos que no reaccionaran. En ese sentido, la huelga de ayer fue una huelga legítima. Pero también ha sido inútil. No va a servir para que Sanidad modifique sus intenciones. El ajuste es la inevitable consecuencia de la incapacidad presupuestaria para sostener el sistema sanitario. Cuando no hay, lo más fácil es cortar, caiga quien caiga, y eso es lo que hacen los gobiernos. Quizá el debate sobre el copago -o sobre cualquier otra forma de sostener este tinglado- no sea tan descabellado como nos han dicho los candidatos. Pero ya saben: las elecciones son en dos días, es tiempo de insultos y descalificaciones, no se puede hablar de cosas importantes.