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Una multa ejemplar > Jorge Bethencourt

   

La imagen de Tom Hanks y Julia Roberts en una vespa y sin casco ha sido multada por la Dirección General de Tráfico española con 30.000 euros, porque puede inducir a una “conducción temeraria”. Como la foto es algo estático, parece que para el Ministerio de La Verdad (sección tráfico) lo importante no es el movimiento sino el mensaje, con lo que así, de golpe y porrazo, podríamos haber encontrado la solución a nuestras penurias económicas imponiendo multas a todas las películas que contengan persecuciones de coches que se salten semáforos y límites de velocidad, asaltos a bancos, asesinatos y cualquier otro tipo de delito o infracción imaginaria. Cuando uno es un meapilas profesional son las cosas que pasan.

El Estado considera que la tutela de nuestra vida es de su propiedad. Por eso un día decidieron que los motoristas debían llevar casco por “su” seguridad y “obligatoriamente”. Porque deben cuidar de sus contribuyentes incluso a pesar de ellos mismos y por encima de su libertad (qué sería de la granja si no hubiese vacas que ordeñar).

Sería lógico que el que quiere ir sin casco lleve un seguro médico privado, para saber que si se desloma y no se mata no tendremos que pagar su irresponsabilidad. Tan lógico como que a los fumadores, los obesos o los anoréxicos les obligásemos a hacer lo mismo. Solo los ciudadanos sanos, fértiles y productivos -¡Hail!- tendrían derecho a entrar en las listas de espera de nuestra sanidad pública para ser atendidos, si no hay huelga, en el momento en que les toque y si no la han palmado por el camino.

La estupidez humana, como el universo, no tiene límites. Y cuando se inviste de autoridad coactiva, es una estupidez legal. Yo soy el único propietario de mi vida. No necesito ni quiero que el Estado me pastoree benévolamente de la cuna a la tumba. Pero piensan que somos borregos. Necios que no saben cuidar de sí mismos y que deben ser salvados incluso contra su propia voluntad.

Es por eso que el Estado, ese gran protector, extiende sus tentáculos para vigilarnos, controlarnos y dirigirnos. Por nuestro propio bien, que es el suyo. Por eso llega al extremo de multar un cartel de una película, como podría multar mañana a la maja desnuda de Goya, por impúdica. Porque ya hemos traspasado las fronteras de lo ridículo para penetrar en ese inacabable territorio de lo patético donde todo es posible.

@JLBethencourt