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Una saludable experiencia > Fernando Fernández

   

En una crisis como la que padecemos, en la que la depresión del tono vital de las personas y de la sociedad ha llegado a convertirse en una amarga experiencia cotidiana, con frecuencia hago esfuerzos para comentar algún hecho noticioso que alivie el peso de la losa que gravita sobre el ánimo de muchos de nosotros. No siempre es fácil conseguirlo, pero hoy comentaré una experiencia vivida días atrás. Fui invitado a un debate organizado por los alumnos del Instituto Tomás Iriarte de enseñanza secundaria, en un barrio periférico de la capital tinerfeña. El tema a debate fue la actual crisis y sus soluciones. Participé con otros cinco ponentes de diferente extracción ideológica y social, entre ellos un representante de una ONG que se ocupa de proporcionar alimentos a personas necesitadas, otra representante de un colectivo social que se ocupa de sectores menos favorecidos y marginales y un joven indignado en nombre del movimiento democracia real ya. El debate fue muy bien moderado por Bernardo, un alumno de 14 años, y se inició con dos presentaciones en power point realizadas por los alumnos, con acompañamiento de música rapera. En ellas se aludía a los inicios de la crisis financiera en los Estados Unidos y a sus consecuencias en España y en Canarias, con la pérdida de puestos de trabajo, el cierre de empresas y la situación de las familias. Fueron muy críticos con los políticos, a quienes se atribuyó una alta responsabilidad; y al hablar de las soluciones pidieron una disminución de los sueldo de los representantes públicos, se criticó el despilfarro de las instituciones y se explicaba la necesidad de mantener el poder adquisitivo con el control de los precios. Fueron muy atinadas las preguntas de los alumnos, alrededor de un centenar, que durante hora y media siguieron muy atentamente el acto. De manera espontánea, aplaudían las preguntas de sus compañeros y, con mayor o menor entusiasmo, nuestras respuestas. Los ponentes coincidimos, con matices, en las causas y en la naturaleza de la crisis. Casi todos hicimos hincapié en la responsabilidad individual y en el esfuerzo personal para la mejor formación de los hoy alumnos y mañana ciudadanos llamados a protagonizar la sociedad del futuro. Algunas preguntas fueron muy incisivas. Estuvieron interesados en conocer la duración de la crisis y en las oportunidades de trabajo para los jóvenes. Me preguntaron si esta es la mayor de las crisis padecidas. Mencioné que a lo largo de la historia hemos tenido otras igual o mas graves, pero destaqué que ésta es la que padecemos nosotros y a la que tenemos que hacer frente para superarla. Otro alumno preguntó sobre las instituciones europeas y si serían capaces de encontrar la manera de arreglar las cosas. En respuesta a otra pregunta, supimos las dificultades que tienen las ONG para allegar recursos y poder atender la demanda de comida en algunos sectores sociales de algunos barrios y conocimos un dato para mi relevante. Desde hace 5 o 6 años, antes del comienzo “oficial” de los años de crisis, ya habían detectado que cada día eran más las familias, especialmente madres, que acudían en busca de alimentos para sus hijos, lo que no ha dejado de empeorar hasta hoy mismo.

Las preguntas y las opiniones expresadas por los jóvenes alumnos fueron educadamente muy críticas con los políticos. Algo que no me sorprendió, pero que no parece preocupar mucho a los aludidos, lo que en el futuro puede llegar a ser muy grave para la salud democrática. Algo así ocurrió en Weimar.