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Una sentencia que dará que hablar > Jaime Rodríguez Arana

   

Estos días hemos tenido ocasión de conocer una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que va a revolucionar el debate sobre el derecho a la vida. En efecto, la resolución jurisdiccional a la que nos referimos se refiere al caso de un ciudadano alemán que en 1997 registró una patente obtenida a partir de células madre embrionarias para la curación de enfermedades neurológicas. Ante tal hecho, la ONG internacional Greenpeace recurrió ante la justicia alemana la patentabilidad de células progenitoras neuronales aisladas y depuradas producidas en virtud de procedimientos a partir de células madre embrionarias. Es decir, se impugna lisa y llanamente si es posible patentar investigaciones científicas en las que se destruyan embriones humanos.

La sentencia del Tribunal Europeo es bien clara y va a traer consigo relevantes consecuencias para la investigación científica y para la protección jurídica del derecho a la vida. Por lo pronto, según las referencias que se pueden consultar, la sentencia señala meridianamente que no es patentable el procedimiento de investigación científica que implique la destrucción de embriones humanos. Es decir, la investigación científica con células embrionarias en el ámbito de la UE será ilegal, lo que supone que las directivas comunitarias y demás normas emanadas de las fuentes del Derecho Comunitario Europeo en la materia habrán de interpretarse de acuerdo con el nuevo criterio jurisprudencial. Y como el Derecho Comunitario Europeo es de aplicación directa y preferente en todos los Estados miembros, resultará que las legislaciones nacionales habrán de adaptarse a tal resolución jurisprudencial.

La sentencia es revolucionaria porque frente al estado de cosas que domina en materia de investigación científica, reconocer que los embriones humanos son portadores de dignidad humana y por ello mismo son objeto de protección jurídica va a traer consigo relevantes cambios normativos. Es decir, como dispone la sentencia, estas investigaciones pueden afectar al respeto debido a la dignidad humana por lo que deben prohibirse.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea va más allá en sus razonamientos y establece que el embrión humano debe entenderse en sentido amplio. Es decir, todo óvulo fecundado, se encuentre en la fase de desarrollo que se encuentre, es merecedor de protección jurídica por llevar impresa la dignidad humana. En otras palabras, los embriones humanos, al ser portadores de la dignidad humana por llevarla inscrita desde la misma fecundación, son seres humanos.

Supongo que en ciertos ambientes se silenciará el contenido de esta sentencia y hasta se considerará sin efectos en los ordenamientos internos. Sin embargo, se trata de la primera vez, que yo sepa, que un tribunal supranacional afirma con toda claridad lo que por otra parte demuestra la ciencia sin demasiados problemas: que desde la fecundación nos encontramos ante un ser humano in fieri, construyéndose, pero a fin de cuentas un ser humano. Por eso el embrión lleva inscrita, impresa, la condición que mejor identifica a los seres humanos y los hace realmente poderosos: esa dignidad que nos hace insusceptibles de cosificación, de apropiación material, de objeto de usar y tirar, de negocio.

* Catedrático de derecho administrativo | Jra@udc.es