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Unos kilos de alto riesgo

   

El ahora y el antes de Sebastián Hernández, una de las 300 personas operadas por el doctor Rius. / DA

INMA MARTOS | Santa Cruz de Tenerife

“Ahora soy consciente de lo muchísimo que comía antes de operarme”. Sebastián Hernández pesaba 166 kilos antes de pasar por el quirófano pero, según explica, no era una persona acomplejada ni infeliz; en realidad “temía por mi salud”.

El de este entrenador de fútbol de 34 años es uno de los más de 300 casos de obesidad que han pasado por las manos de Josep Rius. Este cirujano de USP La Colina viene realizando la operación de reducción de estómago con técnica de laparoscopia desde el año 2009, bien concertadas con la Seguridad Social o bien de forma privada.

No en vano, Canarias es una de las comunidades autónomas con mayor número de obesos, aproximadamente un 20% de la población.

Sebastián casi no podía darle a la pelota, si no caía justo a sus pies, se agotaba con cualquier ejercicio y comenzaba a tener dolencias en las rodillas y en los tobillos debido al peso que tenían que soportar sus huesos y articulaciones. “Aunque llegué a tiempo de no padecer otras enfermedades como diabetes, hipertensión, que estoy seguro de que habrían sobrevenido a la larga, porque la obesidad es un factor de riesgo muy importante”, comenta.

De hecho, además de las consecuencias indicadas por Sebastián, Josep Rius apunta otras como apnea del sueño y, en las mujeres, con mayor número de obesas que los hombres, ovarios poliquísticos e infertilidad. Muchas personas desarrollan también artrosis de rodilla o cardiopatías. “El hombre que entraba al quirófano cuando me dieron el alta ya tomaba mucha medicación para esas otras enfermedades y, en ese momento, supe que había hecho lo correcto”, señala este científico.

Difícil de diagnosticar

El doctor Rius remarca que cuando una persona supera un índice de masa corporal de 35, empieza a encontrarse con otras trabas clínicas de tipo funcional. La simple realización de una resonancia magnética cerrada o, incluso, de una ecografía para establecer un diagnóstico puede resultar difícil si en el primer caso, el paciente, sencillamente, no cabe en el aparataje; o bien, en el segundo, la grasa impide observar con claridad los órganos. Por otra parte, el riesgo por cualquier otra enfermedad se multiplica si además la persona padece obesidad mórbida.

Aunque no es el caso de Sebastián Hernández, puesto que asegura que “no tenía ningún complejo”, reconoce que no es cómodo ir por la calle y escuchar los comentarios de la gente. “Si eres manco o cojo, dicen, el pobre, pero si eres gordo dicen: ‘¡Ños qué gordo el tipo!’. La gente es faltona”. La exclusión social y la estética son dos de las razones por las que muchas personas deciden someterse a la cirugía de reducción de estómago.

La visita a las consultas de cirugía se suele realizar tras haber probado con una larga lista de dietas y métodos para adelgazar sin éxito. Bien porque el paciente no logra llevarlos a su fin o porque no se llega a cambiar el hábito que es lo fundamental. “Lo primero que hacemos es determinar qué tipo de obesidad tiene el paciente, a grosso modo: genética, que se da más en niños y en chicos jóvenes, obesidad secundaria, asociada a alguna enfermedad como hipotiroidismo o Síndrome de Cushing, por aumento de la hormona cortisol y la obesidad primaria, que no tienen una enfermedad de base, sino otros factores ambientales como ansiedad, sedentarismo y malos hábitos alimenticios”, sostiene el cirujano.

Lista de espera “larga”

El doctor Rius incidió en que en la obesidad primaria las personas con ansiedad la canalizan a través de la ingesta de alimentos, así, “si están contentos comen, si están tristes comen, si están nerviosos también, etcétera”. “La comida controla la ansiedad”, apunta el especialista. Aunque no está demostrado científicamente, algunas teorías vienen a explicar esta alteración por los receptores e intermediarios hormonales que actúan sobre la saciedad y el hambre y de hecho, uno de los aspectos que se consideran para el tratamiento de la obesidad es la eliminación de los elementos productores de una hormona del crecimiento llamada ghrelina y que ayudaría a perder peso. El cirujano subraya que hay una lista de espera muy amplia para someterse a esta intervención en el Archipiélago.

El doctor Josep Rius, cirujano de USP La Colina, durante una operación. | DA

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Una cirugía cada vez más avanzada

La mujer de Sebastián Hernández, Yessi, tenía mucho miedo de que su marido se sometiera a la operación porque, según dice él mismo, “se oyen barbaridades sobre los peligros y lo arduo de la intervención y el postoperatorio”. El doctor Giuseppe Rius (en la imagen, durante una operación) opina que desde que comenzaron a realizarse las primeras reducciones de estómago con la técnica de bypass gástrico las técnicas han avanzado y el riesgo se ha reducido. Aunque no deja de ser una operación complicada, la laparoscopia, una técnica mínimamente invasiva para la cual sólo hay que realizar cuatro pequeñas incisiones, reduce los peligros.

El tratamiento comienza 15 días antes de la operación, desde entonces el paciente sólo puede ingerir líquidos. “La primera semana lo pasé fatal”, indica Sebastián. Tras la intervención, en principio, no se tiene hambre y se van bajando entre 10 y 12 kilos mensuales porque la ingesta de alimentos es mínima aunque va aumentando con el tiempo, “pero ya no puedo comer lo que antes porque me lleno enseguida”. Hace un año ya que Sebastián dejó USP La Colina y hoy pesa 83 kilos. El entrenador afirma no tener palabras para definir cómo ha ganado en calidad de vida.

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