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Veinte años no es nada > Pedro Fernández Arcila

   

Los vecinos de Santa Cruz deberíamos entonar el estribillo del célebre tango de Gardel frente a la playa de Valleseco como desagravio al trato que las instituciones públicas han dirigido al único tramo de litoral virgen del Santa Cruz urbano. En ese acto público y con la melodía de Volver recordaremos que hace veinte años que se inició el peregrinaje administrativo para declarar patrimonio histórico este rincón del bello barrio de Valleseco sin que hasta ahora haya terminado. Justamente en estos días se abre el periodo de información pública para declararlo BIC y tras este trámite quedarían los dos actos más importantes: la propuesta del Cabildo y la declaración del Gobierno de Canarias. Si estos pasos van a tener la cadencia de los anteriores, dentro de cuarenta años tendremos Bien de Interés Cultural, todo un logro.

Este récord es más espectacular aún si recordamos que la demanda para proteger la playa y la historia de Valleseco fue siempre avalada por todo un barrio, al que acompañaron miles de personas y colectivos ecologistas y ciudadanos. Recuerdo como la ilusión de los vecinos contagió a César Manrique, que pocos años antes de su muerte vino a Valleseco y lanzó el grito de “salvar la playa”, emblema de la Comisión vecinal. La petición que reclamaba la declaración de patrimonio histórico fue apoyada por miles de firmas, y reencontrarse con esos documentos nos da un punto de nostalgia, al comprobar como muchos de aquellos jóvenes hoy cuentan con hijos que podrían añadir su firma a la de sus padres.

Cómo transcurrieron estos veinte años de inactividad, qué hizo el funcionario responsable del expediente para ralentizar la maquinaria administrativa, qué decisiones tomaron los políticos para enredarlas en una madeja administrativa, son cuestiones que me llenan de malsana curiosidad.

Me atrapa la idea de que no sólo se eleve a rango de Bien de Interés Cultural la playa de Valleseco sino también el propio expediente como exponente de una cultura administrativa que deberá ser estudiado por futuros investigadores de la denominada ciencia de la Administración pública. En este expediente está condensada la cultura política de los años noventa y principios de esta centuria, que reclamaba su posmodernidad de cartón piedra a base de sabotear nuestros rasgos históricos. Pero por encima de todo me entusiasman las técnicas utilizadas por los diversos responsables del área de patrimonio histórico del Cabildo para meterle la zancadilla a los plazos, los requiebros utilizados, el concepto que del tiempo tiene el funcionario que día tras día ve ese expediente encima de la mesa, la pericia para quitarse de encima la responsabilidad, el pimponeo entre los distintos servicios administrativos. Todos estos aspectos tienen que resultar de indudable interés para los científicos y estudiosos y no debería extrañarnos que pasadas unas décadas un recién licenciado haga su tesis con el título Las causas de la desidia en la administración pública: de Mariano José de Larra al BIC de Valleseco.

*Concejal de Sí se puede en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife