>Juan Ramón Rodríguez Marín

¿Y yo qué puedo hacer?> Juan Ramón Rodríguez Marín*

Si inicio esta reflexión destacando la complejidad de la situación por la que atravesamos, no descubro nada nuevo. El número de personas inscritas como demandantes de empleo en Los Llanos de Aridane alcanza ya la cifra de 2.406 personas, 84 más que el mismo mes del año anterior y en el conjunto de los municipios de la isla 9.899. Ante esos datos, es inevitable plantearnos el siguiente interrogante: ¿Y yo qué puedo hacer? Se trata de una cuestión que emana del sentido de la responsabilidad y del compromiso que todos, me refiero al conjunto de la sociedad, en mayor o en menor medida, debemos asumir para afrontar el futuro, un futuro al que debemos retirarle la careta de la incertidumbre para evitar el sufrimiento de miles de personas de esta isla que viven en la zozobra, que supone la pérdida del puesto de trabajo.

No podemos seguir esperando, a las revelaciones que Merkel y Sarkozy, le revelan por influencia de los mercados al ermitaño Rajoy, ya que desde el silencio de la cueva de este último, suenan voces de ultratumba que estremecen, ante las expectativas por la dureza del sacrificio que nos espera. Tenemos que empezar ya, cada uno en la parcela que le corresponde, tomando la iniciativa en todas y en cada una de nuestras acciones con contenido económico y con una actitud de fidelidad hacia la economía de nuestra isla. Y lo más cercano que tenemos al alcance de nuestra mano, es la decisión que podemos adoptar a la hora de animarnos para acometer esas compras que por estas fechas, en mayor o menor medida, tenemos previstas realizar, pero también en lo sucesivo, en el día a día de nuestro comportamiento como consumidores.

A estas alturas todos debemos compartir los efectos positivos y las ventajas, tanto económicas como sociales, que reporta consumir en el comercio local y si tenemos la opción de elegir, en primer lugar, por supuesto productos de origen local.

Los comercios locales y los mercados son fundamentales para la salud económica de nuestras comunidades. Es habitual que sus propietarios vivan en la zona, por lo que el dinero gastado en sus tiendas también ayuda a fortalecer la economía local. Hay estudios que demuestran que el dinero gastado en comercios de proximidad circula en el ámbito local 3 veces antes de diluirse en la economía general. Mientras que la mayor parte de lo gastado en las grandes superficies con sede en otras islas, sale de Canarias casi de inmediato.

Es difícil de calcular el recorrido, en miles de kilómetros, que experimenta una mercancía que se halla en las estanterías de un gran centro comercial, desde su lugar de origen, así como las condiciones de trabajo de las personas que las han cultivado o fabricado. El comercio local cuenta con más productos locales o cultivados y fabricados en la zona, esa proximidad es sinónimo de mayor calidad en el producto y de justicia laboral y no sólo me refiero a los aspectos jurídicos de la palabra sino también sociales.

Otro aspecto que casi nunca se valora es que el pequeño comercio consume mucha menos energía, una tercera parte de la que se consume en las grandes superficies comerciales, con lo que ello implica desde el punto de vista ambiental. Pero sigue habiendo ventajas, una de ellas tan sustancial como la calidad del empleo que se genera en el pequeño y mediano comercio local es infinitamente mayor que el de las grandes superficies, así como la calidad en el atendimiento al cliente, es muy probable que el carnicero, la librera o el frutero de tu barrio puedan ofrecerte consejos útiles sobre todos los productos que venden. Te ayudarán a escoger mejor y te ofrecerán las mejores gangas.

Varios estudios de tendencias de consumo muestran que la mayor parte de la gente cuando acude a realizar una compra en una gran superficie comercial en la que gasta el 80% del presupuesto familiar destinado para las compras de estas fechas, está comprobado que más de un tercio de estos productos acaban en la basura. En esos grandes centros comerciales, compramos demasiado de una vez o no hacemos planes de antemano y terminamos con productos que nunca usamos. En cambio, las personas que visitan tiendas de barrio a la vuelta del trabajo o en combinación con otros recados, con los que te vas haciendo poco a poco de lo que necesitas, haciendo las compras de una manera mucho más eficiente.

Dejaremos para otra ocasión la actitud y las decisiones que deben tomar las administraciones y el empresariado, pues también tienen una alta dosis de responsabilidad en que la situación mejore. Pero como ven creo que hay motivos suficientes que justifican que si podemos hacer algo, sabemos que no es la panacea, pero algo es algo.

*Portavoz de Coalición Canaria
Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane