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A pan y agua > Alfonso González Jerez

   

El director de Cáritas de Tenerife, Leonardo Ruiz, ha indicado, a partir de los datos que maneja su organización, que cientos de niños tinerfeños solo tienen pan para comer durante dos, tres y hasta cuatro días seguidos. Sus padres y madres, desempleados, viven casi exclusivamente de la donación de alimentos de Cáritas y de la solidaridad familiar, pero los recursos que así pueden obtenerse son limitados y, a mediados de mes, empieza a faltar de todo. Así entran en breves dietas de pan y agua. En Santa Cruz de Tenerife y en otras localidades de la Isla, ahora mismo, miles de personas están deslizándose penosamente por las patologías de la malnutrición, pero los que la sufren con mayores riesgos potenciales son los niños y adolescentes, porque afectan a su normal desarrollo físico e intelectual.

Este infierno casi acaba de empezar. Todo el mundo lo admite en el mundo político y empresarial pero el terror, la intranquilidad o el cinismo los deja mudos: la crisis económica está a un paso de transformarse en una nueva recesión, en Canarias se seguirán destruyendo puestos de trabajo -con un desempleo que antes de mediados del próximo año superará el 30% de la población activa- y las dificultades financieras de las administraciones públicas -que se agudizarán con los inminentes y feroces recortes presupuestarios- amenazan con colapsar los servicios sociales y todo el delicado entramado económico del Archipiélago sustentado en subvenciones y créditos públicos.

En una situación de emergencia presupuestaria y económica que amenaza con volar los requisitos mínimos de la cohesión social, asombrosamente, el Gobierno autonómico hace poco, menos o nada de lo imprescindible.

Y lo imprescindible no pasa, exclusivamente, por mantener las subvenciones a organizaciones no gubernamentales tan admirables como Cáritas, sino por diseñar de inmediato un plan de emergencia social de carácter integral y en colaboración con cabildos y ayuntamientos: apertura de nuevos comedores sociales y albergues, potenciación de los bancos de alimentos, diagnóstico y racionalización operativa de los recursos técnico-profesionales en materia de atención y protección social.

Si me preguntan de dónde sacar el dinero les contestaré que no lo sé, pero los empresarios de la construcción a los que una y otra vez recibe el presidente Paulino Rivero, tan preocupados en erigir hoteles y centros comerciales para dar trabajo a todo el mundo, podrían y deberían retratarse.

Es difícil encontrar una élite empresarial tan voraz, desvergonzada y roñosa como la que reina aunque no gobierne en Canarias. Ni un euro devuelven a la sociedad en la que se enriquecen frenéticamente: parece que extraer plusvalía a los empleados resulta, según su inveterada praxis, una muestra de generosidad jamás lo suficientemente agradecida.