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Adiós, Claudina > Francisco Pomares

   

Claudina Morales, presidenta bicéfala de Coalición Canaria, ha adelantado que no se presentará a la reelección en ese Congreso que Coalición debería celebrar la próxima primavera. No ha explicado por qué prefiere pasar de la clandestinidad al olvido, pero tengo para mí que ha hecho cuentas de su presidencial gestión y le ha salido una suma que más bien parece una resta.

La verdad es que la inanidad de su cargo no ha sido responsabilidad suya. Su elección por sorpresa, frente al candidato de Paulino Rivero, el conejero Torres Stinga, fue un golpe de mano de Antonio Castro, para el que contó con el apoyo de los grancanarios y los majoreros.

La presidencia de Claudina debería haber servido para iniciar algunos cambios en la esclerotizada estructura política del nacionalismo oficial, pero -después de sacarle la lengua a Rivero en público- sus colegas optaron por dejar a doña Claudina colgada de la brocha.

Desde entonces, la majorera ha sido presidenta de nombre, pero no de facto. Todos los poderes en Coalición han seguido en manos de Rivero, que se ha ocupado de muñir el manejo los asuntos partidistas de alguna enjundia -confección de listas municipales y regionales, por ejemplo- y ha cedido a Javier González Ortiz, su plenipotenciario segundo, la vigilancia y administración diaria de la burocracia interna del partido. Con tal cerrojo de doble vuelta, la presidencia de doña Claudina -una intrépida alcaldesa majorera, capaz de plantarle cara a alguien tan duro y faltón como Domingo González Arroyo en su propio Marquesado de La Oliva- ha quedado tan desdibujada que resulta difícil recordar algún hito importante.

De hecho, sólo le dejaron lucir palmito en las últimas elecciones europeas, un castigo como otro cualquiera al que nuestra doña se prestó displicente y generosa, quizá a la espera de algún reconocimiento. Que no lo hubo. Pero su abandono y posterior puesta a secar en los campos del señor no ha sido sólo cosa de Rivero. A fin de cuentas, fue ella quien derrotó al candidato paulinista, y era esperable que desde Presidencia del Gobierno no le pusieran piso por hacerlo. Han sido precisamente quienes la llevaron a la presidencia del nacionalismo quienes la han dejado tirada. Y al hacerlo, Antonio Castro perdió su antepenúltima oportunidad de influir en Coalición. Y van…