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POR QUÉ NO ME CALLO >

Ama > Carmelo Rivero

   

Capital Berlín. El pasado día 9, trasunto del 31 de diciembre de 2011 (Fin de Año Horrible), suscrito por anticipado, los jefes de Estado y de Gobierno de la UE bajaron el telón de este melodrama (aquí fin significa fin) y comenzaron la función de un nuevo ciclo (o siglo) de Europa, en un mundo líquido, como profesa el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, sin soberanías estancas, mutante y fluvial. Capital Berlín. En una tertulia televisiva sobre el futuro -palabra que intriga: lo que propone está en tela de juicio- de Europa, el periodista Marco Schwartz, jefe de Opinión de Público, invocaba con pasión, amén de la fusión fiscal, la necesidad de unos Estados Unidos de Europa. Una idea feliz si produjera mayor entusiasmo. Coincidí, pero con una apostilla: Y entonces, Europa capital Berlín. Ángel Fernández, el director conservador del Garajonay, me dijo que él no la ha visto, pero que la gente cuenta que Angela Merkel se ha pateado el parque gomero de laurisilva, junto a su taciturno esposo, un prestigioso químico cuántico, dejando, por tanto, en el monteverde las huellas de su paso firme, donde germinan las semillas que regurgitan los pájaros endémicos para seguir renovando el milenario ecosistema, que da lecciones de supervivencia a la jovencísima idea colegiada de Europa. Estos días, la canciller comunitaria, con sus andares de rellenita senderista rubicunda, se ha adueñado de la UE -la semana que viene se le suma un aliado incondicional, Rajoy-. En París, el pequeño napoleón se rindió a sus embrujos y la banca autoritaria alemana, como un fantasma de la II Guerra Mundial, ya impone su ley en la actual encrucijada económica. Dijo Sarkozy, en la víspera, en su trono de Toulon: “Es la guerra o la paz”. Y advirtió en Bruselas del riesgo de “explosión” de Europa. Miedo es una palabra que, tras una década del 11-S, un trienio del batacazo de Lehman Brothers y apenas unas horas del clásico Madrid-Barça (1-3), se ha quedado coja. Tenemos que sustituirla. Tampoco vale pánico -corrió la misma suerte escénica-. Está esa otra que aprendimos en la crisis sistémica-sísmico-volcánica de El Hierro (metáfora insuperable de la distopía de un mundo en bancarrota, semáforo en rojo, que espera al volcán, tal cual la profecía del francés respecto a Europa). Tremor. Esa es la palabra. Intimida más que el simple temor (temor transparente, en el verso del sueco Tranströmer). La ama de Europa va y viene de luto para la ocasión. Pero Europa está servida a su antojo esta Navidad. Sin Londres (el topo de la CIA, celoso guardián de su City y Canary Wharf). Esta vez diremos ¡feliz 2013! (al 2012 mejor ni citarlo).