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Año sarnoso > Alfonso González Jerez

   

En los siglos medievales, la sarna, como la peste, no era considerada únicamente una enfermedad aterradora, sino también una señal simbólica del castigo divino a la iniquidad de las gentes y la obscenidad de los tiempos. La corrupción moral de la sociedad, el incumplimiento acanallado del orden espiritual, tenía su espantoso correlato en la corrupción de los cuerpos. Nadie escapaba de la peste. Nadie podía huir de la sarna, y por entonces la sarna significaba una exclusión social fulminante y, a menudo, la muerte. La muerte no sobrevenía solo como una consecuencia de la patología, sino como fruto de la expulsión de la sociedad: estigmatizado por su enfermedad, el sarnoso era abandonado, escupido, denostado, sentenciado a la soledad de su incesante sufrimiento. Algo habría hecho para que sobre su carne pecadora recayera tan repugnante penitencia.

En el hospital Febles Campos se han detectado varios casos de sarna. Es un pequeño brote, pero sorprendentemente se ha comunicado, por parte de la dirección del centro, que los afectados han tenido dificultades para encontrar el tratamiento farmacológico prescrito, lo que ha llevado a pensar que el número de enfermos es superior y quizás existan otros focos en el término municipal. En Santa Cruz tenemos sarna, pero no cabe afirmar que nadie lo diría. Quizás los sarnosos, como enfermos, son cosa del atroz presente que se deshoja, como una pútrida margarita, en un futuro atemorizante. Pero como metáfora la sarna corroe Santa Cruz de Tenerife desde hace muchos años. Éste que acaba ha sido un año sarnoso y la pandemia amenaza con universalizarse en un milenio en el que se nos prometían maravillas y nos encontramos, desollados por la picazón, en medio de un capítulo del Lazarillo de Tormes. Son los albores de la Edad Media del capitalismo globalizado. Exclusión, estigmatización, sorpresa, soledad y temor. Los mimbres con los que cada mañana deben trenzar la jornada miles de familias en esta ciudad, en esta Isla, en todo el país. Los hay que se indignan por el brote de sarna. Sarna en Santa Cruz, como en la posguerra, dicen los más avinagrados. No reparan en que estamos viviendo precisamente otra posguerra, una posguerra que empezó hace más de tres años, una posguerra en la que todavía no se ha declarado el cese de hostilidades, y somos los que estamos perdiendo. Los que quizás ya hemos perdido.