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SIN OBJETIVIDAD >

Balando en el Heliodoro > José Antonio Felipe Martín

   

Francisco Almagro y Manuel Villacañas son los autores de Mi ovejita Lucera, una canción que luego cantaron entre otros, Joaquín Sabina. Uno de sus versos dice “me gusta cuando bala la ovejita: beee…y cuando le responde el corderito: baaa…”. En los últimos tiempos esa melodía podría haber sido, sin lugar a dudas, una buena sintonía para poner los días de partido en el Rodríguez López. A veces me da la sensación de que somos unos borregos.

En dos años hemos logrado descender de Primera a Segunda B, algo al alcance de muy pocos equipos y aún menos dirigentes deportivos. Es más, yo creo que ninguno lo ha logrado. A lo largo de todo este tiempo he visto corear aquello de “Fulanito vete ya” a muchos individuos. Pocos se han escapado: jugadores, entrenadores, directores deportivos…solo Miguel Concepción ha logrado escapar a ese tipo de cánticos. Sí, es verdad, algún aficionado se ha acercado a increparlo cerca del palco, pero poco más.

Ayer le tocó a Antonio Calderón recibir dichos cánticos. Podemos estar de acuerdo o no con la idea de fútbol del gaditano; es normal que exista la crítica hacia un entrenador que muchas veces da la impresión de dar bandazos, perfecto, pero: ¿por qué esa cortitud de miras? ¿por qué no mirar al responsable directo de que Antonio Calderón esté en la Isla ahora mismo?

Pedro Cordero, el que aceptó el ofrecimiento de Calderón, espera traer a un par de fichajes que puedan subir el nivel de la plantilla. Si al equipo le falta un delantero, es culpa suya; si hay puestos para los que solo hay un jugador, también lo es, pero parece que nadie le canta nada. Al menos yo no lo oigo.

Mientras, a Miguel Concepción, uno de los pocos supervivientes de dos descensos consecutivos, ni se le ve el pelo. Habrá que esperar a la Junta para poder verlo de cerca, para preguntarle y que se explique bien. Su capacidad como presidente puede ser discutible, pero la de seguir ahí, en su sitio, a la sombra, sin recibir críticas, es absolutamente incontestable. Don Miguel sigue tranquilo. Mientras, los borregos seguimos balando.