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Barcos fantasmas

   

El trasatlántico S.S. American Star hasta hace pocos años podía verse encallado en Fuerteventura. | DA

JUANCA ROMERO HASMEN | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Forma parte de nuestra condición de seres humanos, tener reservado en nuestro cerebro un rinconcito para esconder nuestros miedos, aquellas cosas y situaciones que cultivadas muchas de ellas desde pequeños, intentamos cubrir de sombras y ponerlas en el inalcanzable olvido. Y no somos pocos los que desde niños hemos escuchado alguna que otra historia entre cuyos ingredientes encontramos un barco fantasma. Pero,al margen de las historias para asustar a infantes, ¿cuánto hay de cierto en ellas?, ¿existen realmente los llamados barcos fantasma?

Se denominan así, en la ficción, a aquellos navíos que están tripulados por fantasmas. También se puede utilizar este término para referirse a un barco real que ha sido avistado a la deriva y sin la tripulación a bordo. Y en este brotar de ficción, encontramos a un grupo de pescadores que, a bordo de un pequeño barco de color verde y rojo, tras abandonar el espeso banco de niebla que cubre esas latitudes de los mares del norte, se topan casi de frente con un enorme buque de carga con bandera chipriota. Su aspecto es dantesco, con parte de su estructura superior carcomida por el imparable óxido. Su nombre, Colapsus V, y en lo alto, en la agrietada cubierta, ni una sola persona que otorgue movimiento a la silenciosa escena. Aquellos marineros se quedaron inmóviles, sin mediar palabra, hasta que el más viejo de ellos con la voz quebradiza exclamó: -¡es imposible!, ¡no puede ser verdad!- Aquel buque se había hundido 36 años antes frente a las costas de Sudáfrica, muriendo en su interior 23 personas.

Simplemente, ficción fruto de la, a veces volátil, mente de este que ahora escribe, pero apuntando hacia el rigor y los hechos históricos, nada alejada de la realidad. Uno de los barcos fantasma más famosos a nivel mundial es el Mary Celeste, primigeniamente bautizado con el nombre de Amazon, un bergantín de 31 metros de eslora que precedido por algunas desventuras, el 4 de diciembre de 1872 es encontrado a la deriva cerca de Azores por otro barco. Al subir a la cubierta del Mary Celeste, no encontraron a ninguno de sus diez ocupantes, pero en los estantes permanecía toda la ropa ordenada en sus cajones, y el diario de navegación en el que no se reseñaba ningún acontecimiento importante. El último apunte estaba datado el 24 de noviembre y simplemente decía que el tiempo estaba revuelto. Es interesante apuntar que en el barco faltaban además de todos sus ocupantes, los botes salvavidas, el sextante, el cronómetro y la bitácora. ¿Dónde estaban los integrantes de la tripulación?, ¿Y la hija y esposa del capitán?

Pero si hay un barco fantasma de leyenda, sin lugar a dudas ese es el Holandés Errante, inspirador de alguna que otra película y serie de televisión. Según la tradición marinera, es un barco que no pudo regresar a puerto a causa de una enorme tormenta, condenado a vagar por los océanos del mundo durante siglos. Cuentan que en ocasiones es visto por la tripulación de otros barcos desde la distancia, mostrando un aspecto espectral y cuando alguno de estos barcos pretende acercarse, el navío fantasma se desvanece entre la densa niebla. ¿Tiene algún fundamento la leyenda del Holandés Errante? El origen de esta historia parte de un capitán holandés llamado Willen van der Decken. Cuentan que hizo un pacto con el mismísimo diablo para que le permitiera surcar todos los mares superando cualquier reto natural que Dios quisiera ponerle. Pero he aquí que Dios se entera de este pacto y castiga al capitán holandés a vagar por los océanos eternamente, sin rumbo y si acercarse a tierra. A raíz de este hecho, pasa a conocerse con el nombre del Holandés Errante. Sin lugar a dudas se trata de una historia con claro trasfondo moralizador y religioso. Sigamos nuestra ruta Plus Ultra a través de los océanos. Pero ahora permítame que subamos a algunos barcos en busca de pasajeros misteriosos. Subimos a la cubierta en busca de fenómenos extraños. Y la primera parada de nuestra particular pesquisa la hacemos a bordo del Queen Mary, el primero de la saga construido en 1937. El 10 de julio de 1966, John Pedder, mientras realizaba tareas de mantenimiento en la sala de máquinas, es aplastado en un accidente por la puerta número 13 de esta sala. A raíz de este luctuoso hecho, surgen no pocos testimonios de personas que afirman ver vagar por los pasillos de la sala de máquinas la figura espectral de un joven que al llegar a la puerta número trece se desvanece en ella. Pero en el Queen Mary I el misterio no se hace esquivo; llantos de proveniencia incierta en la guardería infantil de tercera clase, figuras espectrales que se pasean por los pasillos de primera clase y por el salón de la Reina, marcas de agua en la piscina cuando ésta estaba sin una sola persona en su interior, incluso escuchándose sonido de chapoteos que brotan entre el silencio de la solitaria estancia. Estas son a grandes trazos algunas historias que se cuentan, sin duda alguna alimentadas por las diversas muertes, naturales unas, sospechosas otras, que se sucedieron mientras estuvo en activo antes de que el 9 de diciembre de 1967 cruzara el Atlántico por última vez.

Subimos al UB-65, un submarino alemán que estuvo en servicio durante la Primera Guerra Mundial y que ya antes de abandonar los astilleros, se vio envuelto en la desgracia al morir un trabajador aplastado por una viga. Durante las pruebas iniciales de navegación, tres de sus tripulantes murieron asfixiados al llenarse de gases nocivos la sala de máquinas. En el momento de realizar su primera inmersión, el marinero que realizaba la revisión de la escotilla inexplicablemente se lanza al agua y es arrollado por el remolino del submarino. Una vez iniciada la maniobra de inmersión, el capitán da la orden de estabilizar a los diez metros de profundidad, pero el submarino no responde y choca contra el fondo, permaneciendo allí durante horas hasta que de forma repentina vuelve a responder a los controles y asciende a la superficie. Tras estos hechos, fue revisado y dado por apto para su utilización. En el instante en el que fue armado, la cabeza de uno de los torpedos estalló y mató a nueve personas. A estas desgracias debemos sumar la muerte del capitán, suicidios, apariciones espectrales de algunos antiguos tripulantes. Los tripulantes del submarino llegaron a solicitar a un sacerdote un exorcismo. El 10 de julio de 1918, fue destruido por un submarino norteamericano.

[apunte]El S.S. American Star, buque que tuve la oportunidad de conocer desde muy cerca, es otro barco rodeado por las nieblas del misterio. El SS América fue considerado uno de los más lujosos trasatlánticos norteamericanos, construido en 1940. Durante su vida, hizo el deleite de sus pasajeros hasta que el 15 de enero de 1994 se vio envuelto en una fuerte tormenta en aguas de las Islas Canarias cuando era remolcado por un barco ruso, y cuando ya tenía sus hélices desmontadas. El remolcador no pudo aguantar el lastre del gran buque y tuvo que cortar el cable que les unía dejándolo a la deriva. Tres días después, el SS American Star encalla en la playa de Garcey, en el municipio de Pájara, en la isla de Fuerteventura. Fue en el mes de mayo de 1995, prácticamente año y medio después, cuando estuve por primera vez frente al gran trasatlántico mientras realizaba maniobras militares en una playa justo frente a él. Una mole impresionante partida justo por la mitad por el golpear de las olas y no demasiado alejado de la costa. Durante nueve días tuvimos que codearnos con el barco, realizando maniobras de tiro, algunos contra él, y escuchando algunas de las historias que ya por entonces empezaban a pulular entre los mandos militares. Sombras que se desdibujaban por la quebradiza e inclinada cubierta, sonidos estridentes provenientes desde su interior, gritos de aquellos que perdieron su vida en aquel lugar… Lo cierto es que en los años sucesivos al accidente durante los saqueos por parte de visitantes y vecinos de la zona, algunos murieron al acercarse al barco. Unos fallecieron en el intento de saqueo submarino de la parte hundida y otros a causa de los fuertes remolinos mientras intentaban ascender a la parte que hace algunos años aún permanecía encallada en la superficie. Hoy ya no lo vemos, reposa en el fondo del Océano Atlántico, frente a las costas insulares. Ya sean historias para no dormir, leyendas infladas por narradores anónimos o cuentos chinescos, lo cierto es que cuando subimos a un gran navío y nos adentramos por sus lujosos y estrechos pasillos, la imaginación se nos dispara y se alía con la realidad. Yo por si acaso, pasaré gran parte de la jornada asomado a la borda, allí donde quizá alguien pueda escuchar mi llamada a través de los siglos, agazapada tras las oscuras nieblas del océano.[/apunte]