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Caballos y vacas en Tenerife > Wladimiro Rodríguez Brito

   

La actividad ganadera y la agricultura siempre han estado vinculadas en la historia del hombre. En el caso canario, la complementariedad de la ganadería con la agricultura ha sido básica. Así por ejemplo, el ganado vacuno ha tenido un papel importante, pues no solo nos aporta leche y carne sino el estiércol para mantener la fertilidad en nuestros campos y por supuesto el trabajo hasta la reciente mecanización del agro isleño. Por ejemplo, la isla de Tenerife tenía en los años cincuenta algo más de 52.000 cabezas de ganado vacuno. Con más de siete mil vacas en municipios como en La Laguna o cuatro mil seiscientas en la comarca de la Isla Baja. En un corto periodo de tiempo, el abandono del campo y la crisis agraria hace que en los momentos actuales tengamos en Tenerife unas 4.500 cabezas de vacuno, pero de ese total sólo se destinan al ordeño, es decir a la producción de leche, unas 1.300; es decir, que hoy tenemos en la isla picuda más caballos de paseo que vacas para producir leche. La cultura del ocio se ha impuesto sobre una actividad básica en el campo, como es la agricultura y su complementaria actividad ganadera. Es en este marco en el que queremos situar las siguientes líneas.
Los tiempos que se nos presentan nos obligan a mirar para el campo con otra lectura que la que se ha hecho en los últimos años. El campo no puede continuar como una actividad marginal en una isla en la que tenemos más de cien mil parados, importamos más del 90% de los alimentos que demandamos. El campo puede ofrecer un número importante de puestos de trabajo, aparte de cubrir las demandas de nuestros estómagos. El campo es también paisaje, medio ambiente y sobre todo, con las tierras cultivadas, tenemos un menor peligro para los incendios que no solo se producen en las zonas forestales, sino sobre todo en las medianías abandonadas en torno a las zonas pobladas. La cultura del ocio ha dominado estos años, acrecentando las tierras balutas (abandonadas). Si tenemos en cuenta lo que ha ocurrido en los últimos años en el mundo rural, se dan casos como que en toda la isla de La Palma tengan veintiuna vacas de ordeño en el 2010; pero más de 300 caballos para recreo; y municipios como Garafía, uno de los mejores territorios con posibilidades ganaderas de Canarias, en los que no había ni una sola vaca de ordeño. Por ello, queridos lectores, nos toca hablar de un modelo económico que no solo revalorice y dignifique el campo con una cultura del mundo rural que nos acerque al futuro sin descuidar el ayer, porque tanto desde un punto de vista de sostenibilidad ambiental como de compromiso con el futuro, tenemos que hablar del campo con un modelo que de ninguna manera puede separar medio ambiente, agricultura y ganadería y, en consecuencia, alejarnos de un espejismo en el que hemos vivido estos años en el que el campo se asociaba al pasado, a la pobreza y a la miseria. En ese marco, los animales de ocio alimentados en muchos casos con forrajes de importación, quedarán como algo de un pasado alegre con poco compromiso con el mundo rural; pues los caballos de antaño eran sinónimo de minorías ociosas, puesto que los animales de carga de nuestras islas fueron los mulos y los burros. Se debe reconvertir el campo en una actividad que vuelva a armonizar agricultura y ganadería. No como hasta ahora, donde parte de una burocracia ha cargado de papeles y de dificultades a muchos de nuestros ganaderos, con normas inaplicables en nuestro territorio, exigiendo en muchos casos instalaciones que no están al alcance del bolsillo de nuestros campesinos, con unas normas que llegan a pedir e, incluso, depuradoras para los purines de nuestras granjas, o señalan que el estiércol contamina el agua de nuestros acuíferos; o como se han dado casos de denunciar un simple gallinero por la supuesta alteración de la tranquilidad de las madrugadas por el supuesto canto de los gallos. Es decir, la actividad primaria se ubica en un marco de leyes alejadas de las demandas y las necesidades, no sólo de nuestros campesinos, sino del más lógico sentido común en un territorio en el que medio ambiente, agricultura y ganadería y la convivencia de dos millones de personas nos obligan a plantearnos una gestión armónica. Por supuesto, el ocio ha de convivir con la necesidad de cada día y en la que sin lugar a dudas los caballos tienen un hueco o un espacio, pero de ninguna manera pueden ser preponderantes ante una actividad como la ganadería y en este caso, el vacuno, que ha jugado un papel tan significativo y tan importante en estos últimos quinientos años. Por ello, queridos lectores, el modelo económico vigente tiene que dar un giro para los tiempos que se nos presentan y entre ellos está revalorizar la agricultura y la ganadería como elemento clave para la alimentación de nuestro pueblo, tanto por razones ambientales, como sociales. Generar puestos de trabajo y reequilibrar los asentamientos de población que hacen que numerosas zonas rurales de momento esté mantenida con el esfuerzo de los pensionistas.