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Camarada > Alfonso González Jerez

   

En los últimos meses, en la fase final de su cáncer, Christopher Hitchens perdió el habla, pero no enmudeció: siguió escribiendo su artículo mensual para Vanity Fair y la última de sus columnas en Slate la firmó, al borde de la agonía, el pasado día 28. De vez en cuando dedicaba alguno de sus artículos a la enfermedad mortal que lo consumía pero que no acabó con su lucidez imperturbable, su coherencia chirriante, su curiosidad incesante, su coraje cristalino: su gusto batallador por la vida.

Esos artículos -donde la inteligencia, el decoro, la elegancia cincelan frases inolvidables- son el mejor ejemplo de la perfecta elocuencia de quien ha sido el mejor ensayista político (y uno de los mejores periodistas) de los últimen los últimos meses, en la fase final de su cáncer, Christopher Hitchens perdió el habla, pero no enmudeció: siguió escribiendo su artículo mensual para Vanity Fair y la última de sus columnas en Slate la firmó, al borde de la agonía, el pasado día 28. os cuarenta años.

Porque Hitchens fue simultáneamente un activista político y un escritor, un periodista y un ensayista, un reportero y un erudito que no podría resistirse a participar en el mundo y a contarlo, a emborracharse y a escribir piezas magistrales, a encontrar en todas las posturas convencionales y respetable su vía de irremediable pero al cabo venturoso naufragio.

Escribía a ráfagas fulminantes que jamás se deshacían en retazos desmochados. Su gusto por la polémica era el reverso de su pasión por los demás y el signo de su entusiasmo (cabreado) por todo lo que debería concernirnos si pretendemos que alguna vez el ser humano sea humano. Aconsejaba incluso la discusión por la discusión como hedonismo intelectual: “No desaproveches la oportunidad de discutir, ya dispondrás de todo el silencio del mundo en la tumba”.

Y así se lanzó de cabeza al vertiginoso mundo de las últimas décadas y sus prodigiosas y amenazantes transformaciones políticas, económicas y culturales, recorriendo países, revoluciones, invasiones, tiranías, democracias, culturas, ejércitos, manifestaciones populares.

La biografía intelectual de Hitchens fue a la vez un laboratorio y un muestrario de la evolución intelectual desde la Guerra Fría y la ilusión revolucionaria hasta la defensa del último reducto de sus convicciones: la libertad, el librepensamiento, la denuncia de la miseria y la religión, la desconfianza hacia los gobiernos y las ideologías mesiánicas.

Si a su juicio había que apoyar la invasión de Irak lo hacía pero ay de aquellos que, desde la brutal derecha norteamericana, creyeron encontrar en él un compañero de viaje: los fustigó igualmente sin piedad ni misericordia ni olvido. ¿Todavía era de izquierdas Hitchens? Yo creo que sí. Creía que la verdad existía, que la ignorancia era el principal enemigo de la especie, que los abusos del capital y las burocracias terrestres y celestiales afrentaban al género humano. Por todo eso es el único de los maestros vivos a los que yo puedo llamar camarada.