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Cantos de sirena > Jorge Bethencourt

   

Mi primer recuerdo está en las lecturas de la Odisea. Cuando Ulises, una mezcla entre Popeye y un viajante de comercio con muy mala suerte, hace que sus marineros se tapen los oídos con cera para no escuchar sus mortíferas voces. Desde entonces, a las sirenas me las fui encontrando con cierta frecuencia en la literatura y en la televisión.

La sirena es el fruto de uno esos apareamientos inverosímiles de la mitología griega (algo anterior a la Duquesa de Alba) entre Calíope y un río llamado Aquelao. Esa es una de las versiones del origen de las nereidas. Al principio se las representaba con cuerpo de ave y rostro de mujer y eran feas como demonios, a pesar de sus voces maravillosas. El paso del tiempo las fue transformando en seres con cola de pez y torso femenino, una mezcla de rubia nórdica y merluza del cantábrico, que es como se las conoce en la actualidad.

Hasta nuestros días ha llegado la expresión de “no hacer caso de los cantos de sirena” para evitarnos algún peligro disfrazado. Aunque no estuvieran pensando expresamente en los pactos entre Coalición y Nueva Canarias, los antiguos consideraban que las sirenas, con sus voces encantadoras, atraían a los barcos y sus tripulaciones hacia las rocas y los arrecifes.

Antes de la invención del radar y el GPS, los barcos que atravesaban bancos de niebla o navegaban en la oscuridad, sólo podían avisar de su presencia a través de luces o de sonidos producidos por su sirena. Porque así es como se llama el artefacto que emite el sonido de las grandes embarcaciones y no claxon, ni bocina, que es un agujero en la popa (sí, los barcos también tienen).

Y viene todo esto a que, humildemente, considero que Canarias es una zona luminosa con gran visibilidad. Así que cuando está uno echando una cabezadita por la tarde y de repente se oye el rugido de una sirena de uno de esos supercruceros que nos visitan, al que enseguida responden en alegre coro otras sirenas de otras embarcaciones, me imagino que no será porque no se ven. Si lo hacen para avisarnos de que abramos las tiendas, que les avisen de que aquí en fin de semana no abre ni dios. Pero si es por saludarnos, ya se podrían meter a las hijas de Calíope por la bocina.

@JLBethencourt