X
Esto no se cobra > Cristina García Maffiotte

Clase de historia > Cristina García Maffiotte

   

Queridos alumnos. La clase de hoy se centrará en analizar el comportamiento de la sociedad española en diciembre, en el último tercio del siglo XX y diez primeros años del siglo XXI. El reciente descubrimiento de algunas páginas de periódicos fosilizadas (les recuerdo que el concepto periódico ya lo vimos la pasada semana) en una zona de Arico que fue un antiguo vertedero de basura nos ha aportado singulares datos. Por lo que se ha podido averiguar hubo un tiempo en el que al llegar diciembre, coincidiendo con la Navidad, se celebraban una serie de reuniones a las que se llamaba almuerzo o cena de empresa. Se trataba de una costumbre arraigada y ya desaparecida que consistía en reunir a los mismos compañeros que habían trabajado juntos los 365 días anteriores en un ambiente diferente para comer y beber en abundancia.

El lugar elegido solía ser un restaurante, una sala de fiestas o, incluso, en los casos de los empresarios más atrevidos, en mitad del monte para hacer una chuletada. Según encontramos en algunos documentos recuperados recientemente, esos encuentros, eminentemente festivos, aunque hay datos de que alguno acabó como el rosario de la aurora, podrían considerarse como un experimento sociológico que consistía en ver el distinto comportamiento de un grupo de trabajadores si se les cambiaba el horario y el marco en el que habitualmente se relacionaban. El motivo de este tipo de encuentros no está muy claro. Lo que sí sabemos con absoluta certeza es que este tipo de prácticas empezó a decaer a partir de 2008 y en 2011 hay evidencias de que eran muy pocas las convocadas. De hecho, ese año casi los únicos que realizaron citas de este tipo fueron las administraciones públicas. El declive de este tipo de convocatorias fue, por tanto, muy rápido, aunque antes de desaparecer vivieron una mínima transición que supuso que en vez de cena o almuerzo se convocara un brindis que era el eufemismo para decir “una copa, un discursito y a escupir a la calle”.

Igualmente nos relata la tradición oral, puesto que no queda documentación escrita de ello, que también en diciembre era habitual regalar jamones y cestas de Navidad. Según cuentan nuestros mayores, sus abuelos les explicaban que cuando eran pequeños en diciembre era normal ver camiones repartiendo cestas de navidad a domicilio. Era, por lo visto, costumbre que en agradecimiento por algún servicio prestado a lo largo del año se regalara una cesta con viandas de todo tipo siendo el súmmum la que incorporaba un jamón de pata negra. Permítanme que introduzca un dato anecdótico pero fundamental para entender el concepto cesta de navidad; para ser considerara tal tenía que incluir peladillas -que se terminaban de consumir en marzo- y una lata pequeña de galletas danesas duras como piedras. Al igual que las cenas y almuerzos de empresa esa práctica de regalar cestas dejó de ser habitual a finales de 2008, llegando a desaparecer completamente en la Navidad de 2011. Ese año, donde antes había empresas de reparto llevando cestas y jamones a empresas y domicilios, solo se podía encontrar al del butano repartiendo, previo pago, bombonas. Pero por esas fechas no solo desaparecieron cestas y jamones; también desapareció definitivamente la costumbre de enviar tarjetas de Navidad por correo ordinario. De hecho, al llegar 2011 solo enviaba ya este tipo de felicitaciones la Casa Real e Isidoro Álvarez de El Corte Inglés. La muestra evidente del declive económico de esa sociedad la encontramos, precisamente, en las manifestaciones externas. Si antes era habitual ver cientos de papanoeles y bombillas adornando balcones y ventanas, provocando juegos de luces que podían dejar a Las Vegas en ridículo, en la Navidad de 2011 difícilmente se podía encontrar alguna guirnalda prendida en alguna fachada. Y hasta aquí, la clase de hoy. La semana que viene toca explicar el concepto contrato indefinido.