X
el fielato> por José david santos

Corruptos>José David Santos

   

Convivimos en un país corrupto, en una sociedad podrida hasta el tuétano. Y lo sabemos, y lo aceptamos, y somos felices -algunos menos que otros- en esa podredumbre moral, social, política, económica y cósmica patria. En estos días de ruido y furia -otra muesca en el revólver del cainismo canario- en los que se oye bramar contra la corrupción en la política y el periodismo -unas acusaciones sustentadas, por cierto, en un ventilador de mierda mediática más que judicial- miras alrededor y asombra la hipocresía de esos que claman ante tal hecatombe. ¡Ja! ¿Y ellos? ¿Y nosotros?

Como dice un compañero con el cinismo que dan los años de profesión, parece como si los periodistas y los políticos hubiesen aterrizado en una nave marciana sobre una tierra de buena gente. Y no. Todos somos reflejos de todos. España, Canarias, es un país de pandereta, de pícaros elevados a los altares televisivos, en el que la pequeña trampa, la burla a la autoridad, la mofa hacia el más débil, la envidia, ay la envidia, o la estafa cotidiana se erigen como patrones de conducta habituales, aceptados, indisimulados.

Somos un país donde piratear, ya sea música, cine, la tarjeta del Plus o las pegatinas de Bob Esponja, tiene connotaciones positivas; donde plantar flores de pascua hizo que media ciudad tuviera en casa un ejemplar, mientras la mitad de los jardines se quedaba sin ellas; donde todo es más caro con factura, sin ella, pago en negro, y todos más felices; donde el maltrato animal es común -esa cabra desde el campanario, esos gallos de pelea, esos perros entre apuestas, ese toro enamorado de la luna pasado por la espada-; donde engañar a Hacienda es un reto superior al de leer un libro al año; donde aparcar en el reservado para minusválidos “no es para tanto”; donde que te quiten la multa no es prevaricar, es echarte un cabo; donde, hay mil ejemplos más, estamos podridos hasta la médula.

Pequeñas corruptelas, pequeños delitos, tan pequeños como la lluvia fina, que no moja pero empapa. Todos participamos de esos rituales. Bueno, casi todos. Lo lamentable es que cuando descubrimos a alguien honesto en el día a día de los detalles, lo destacamos por su excepcionalidad. Eso sí, también nos burlamos de él, por supuesto. “Vaya pardillo”.

Y sacamos la cabra y el pito vociferando que son ellos, los otros, los ajenos, los marcianos, los verdaderos y únicos corruptos.