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Cosas y vacío > Rafael Alonso Solís

   

Dícese de Demócrito, tracio de origen y de vida tan misteriosa como la de muchos de sus colegas -de los que una parte de lo dicho se asemeja a invención de narrador, y otra se mezcla con la realidad, tomando la apariencia de historia revelada- que tuvo una formación ecléctica y variada, que estudio en lugares diversos, y que frecuentó la compañía de hechiceros y nigromantes, de los que obtendría parte de la sabiduría oculta atesorada a lo largo de su vida. Cuando se consulta la ambigua biografía de los filósofos griegos, sobre todo de los presocráticos -y Demócrito, aunque adscrito a esa familia, no lo fue, puesto que compartió salidas nocturnas con el maestro-, es frecuente que unos hablen de otros, y que casi todos parezcan sombras chinescas que emiten juicios fantasmales, como si formasen parte de aquel sutil guiñol que debió ser la mismísima caverna de Platón. Un ejemplo curioso de esto último lo constituye Diógenes Laercio, del que parece que se ignora todo, pero que debió ganarse la vida escribiendo, precisamente, la de los demás.

En cualquier caso, Demócrito -filósofo real o sueño de un escriba intemporal que se inventase a sí mismo, para poder después hacerlo con el resto- fue un pensador mecanicista, cuya explicación del mundo exterior y de las pulsiones internas se basaba en la interacción de cosas minúsculas entre sí mientras danzaban en el vacío, lo que le sirvió -dicen también las gacetillas- para adelantarse al mismísimo Newton en la intuición de la naturaleza de la luz.

Viene todo a cuento porque los potentes aceleradores modernos persiguen la identidad de una partícula esquiva, el llamado bosón de Higgs, una entidad física solo intuible por su potenciales efectos, y cuya existencia podría servir para asentar con rigor experimental una parte de la explicación de la realidad física, o ser un elemento más de una cadena de fragmentos, en que la infinitud y la indivisibilidad, la inmanencia y la eternidad, conforman una materia inasible y solo -al menos, en tiempos de Demócrito- interpretable a través de la lógica y a partir de la comprobación experimental.

La división del mundo material en partículas parece así una consecuencia de la observación, por lo que no se halla el filósofo tracio demasiado lejos de un punto de partida empírico. Ni tampoco el autor o autores del Bhagavata-purana -uno de los textos básicos del hinduismo- al suponer al tiempo formado por minúsculos elementos de duración equivalente a varias millonésimas de segundo.

Al final, luces y sombras jugando a ser objetos casi al alcance de la mano, pero evasivas como la timidez de las gacelas o la turbación de las estrellas.