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Cultura de locos > José Carlos Alberto Pérez-Andreu

   

Esto de la crisis es una mina para volvernos a todos locos. Por un lado, está cambiando el modo de hacer política y, por otro, el modo de entenderla por los ciudadanos. De una sociedad que se flagelaba por estar adormecida y despreocupada por lo público, hemos pasado a ver algo tan atronador como el movimiento del 15-M. Pero algún político, en el ejercicio de sus funciones, se nos está presentando como el primero de los indignados. Y es que hasta en la política (a veces) resulta más cómodo intentar ser el más aclamado y chachón que ser serio y consecuente en tiempos hostiles. Es el caso del viceconsejero de Cultura, Delgado Prieto.

Cuando creímos estarlo viendo todo en esta ceremonia de la confusión, nos ha sorprendido un nuevo espécimen: el indignado quintacolumnista. Es sabido que en la Guerra Civil se denominaba quintacolumnista al que, infiltrado en el bando contrario, se hacía pasar por leal pero realmente trabajaba para socavar al enemigo, minando sus defensas y su moral desde dentro. En el Gobierno de Canarias se ha descubierto un quintacolumnista situado estratégicamente a modo de viceconsejero de Cultura. Este personaje está en el Gobierno (así lo ha confesado) para impulsar el rechazo del sector cultural al recorte presupuestario de cuya elaboración él es responsable como Gobierno que es. Desde entonces, no ha perdido un minuto para proclamar que: “Espera que el Parlamento corrija el presupuesto de Cultura”. Es decir, el muñidor del presupuesto se enmienda a sí mismo y confía en que el Parlamento ponga remedio a lo que él considera un fracaso. Y es aquí donde uno se pregunta si empezamos a estar todos locos o qué demonios pasa. Para que no quepa duda, Alberto Delgado Prieto añade que no está conforme con el drástico recorte de su departamento para 2012 pero: “Se mantiene abierto al diálogo”. Y claro, ¿con quién, consigo mismo?

El viceconsejero de Cultura, seguramente muy abrumado, ha truncado su papel en el Ejecutivo por el de portavoz de los intereses corporativos de los profesionales de la cultura. Una más que errática postura ante unos intereses legítimos y que merecen toda la defensa del mundo, pero no por su parte. Delgado Prieto es quien gestiona la política cultural del Gobierno, y si no está de acuerdo, lo más honesto es que se marche. En estos tiempos convulsos, ni se puede quedar bien con todos, ni conviene volvernos a todos locos.

Nuestra figura de hoy parece haberse descalificado a sí mismo desde el mismo momento en que se ha erigido en ideólogo de la protesta contra el Gobierno del que forma parte. En una línea disparatada, por ejemplo, ha censurado a Totoyo Millares su crítica hacia Benito Cabrera. El viceconsejero lamenta esa polémica porque: “Se sale del objetivo del sector cultural, que es la protesta por la reducción prevista para la cultura en el próximo presupuesto”. O sea, que, como ir en contra del equipo que le paga era poco, ahora se dedica a decidir qué agentes culturales deben opinar, cuáles no y en qué línea deben ir las críticas de éstos. Vamos, de pena.

Que él no respete al Gobierno al que pertenece es problema suyo; y que ese Gobierno no lo haya destituido aún es algo que perturba a algunos. Y mientras tanto (supongo), los malos indignados le aguardan con un saquito de dormir para que vaya a acampar con ellos. Y es que con estos actores y así, esta es una Cultura de locos…

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