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Defectos de fábrica > Jorge Bethencourt

   

El Estado moderno impone a los ciudadanos que renuncien al derecho de autodefensa, propio de la ley de la selva. Y se compromete a garantizar ese derecho armando a otros ciudadanos, a los que denomina agentes de la autoridad, cuya responsabilidad es proteger las vidas y bienes de todos, como pieza esencial del orden social y la convivencia.

Si nos atenemos a la crónica cotidiana, todo lo anterior es la crónica de un espeluzanante fracaso. Nordim Amrani, un ciudadano de 33 años, cultivador de marihuana y soldador de profesión, protagonizó una matanza en Lieja (Bélgica) provisto de un arsenal de armas propio de un grupo terrorista. Gianluca Casseri, 50 años, oscuro contable y chupatintas en Italia, asesinó en un mercadillo a varios ciudadanos negros en nombre de la supremacía de la raza aria. Una turba de ciudadanos, en Turín, asaltó un campamento de gitanos rumanos, al que prendió fuego, Anders Behring, en Noruega, causó una fría y sistemática masacre con decenas de jóvenes que se encontraban en campamento.

Podría rellenar varias columnas con el terrible relato de sucesos similares, que a nivel local aterrizan en el tenebroso asesinato de dos niños en nuestra capital. Violencia contra mujeres, niños, hombres, ciudadanos sorprendidos e inermes. En todos y cada uno de estos casos, la presentación oficial de la historia es que sus protagonistas tienen problemas mentales, que es la fórmula políticamente correcta en que los meapilas postmodernos se refieren a estar loco como una cabra. Yo creo que los que tenemos problemas mentales somos todos los demás. Un repaso a la cartelera cinematográfica, los best seller de moda o las series de televisión de máxima audiencia, nos llevarían a la comprobación casi empírica de que lo que circula por las meninges mediáticas del siglo XXI no es más que violencia y terror. La calle se retroalimenta con la fantasía y la creación respira el aire de la calle.

La penosa realidad es que el Estado no es capaz de garantizar nuestra defensa. Ni de lejos. Que los locos, los delincuentes o los terroristas van armados. Que en nombre de nuestra propia seguridad se nos van arrebatando más y más espacios de libertad para ofrecernos una falsa sensación de que se está cumpliendo el contrato de defendernos de esos monstruos que vamos creando de forma silenciosa y eficiente. Esos seres alienados, resentidos y perturbados que no nacieron pensando en matar. Son las piezas defectuosas de un sistema que los crea y que no asume, ni siquiera intelectualmente, su propia responsabilidad.

Twitter @JLBethencourt