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El ensamble vocal de Tenerife > Juan Julio Fernández

   

Con pocos días de intervalo, el Ensamble Vocal Contemporáneo de Tenerife ha tenido dos actuaciones memorables, una en el Paraninfo de la Universidad de La Laguna y otra, el pasado domingo, en la sala Teobaldo Power de La Orotava. Estuve con familiares y amigos en La Orotava y puedo decir que el entusiasmo con que cantan y actúan, bajo la batuta de Abreu Lechado -repito lo que ya en otra ocasión cité, “sencillez, comunicación, exigencia y sensibilidad”- nos contagió a todos los que llenábamos la sala, de la que hay que decir que reúne, sin alardes ni alharacas, unas excelentes condiciones acústicas. Si el 6 de febrero de este mismo año traté de describir en estas mismas páginas la sorpresa que me produjo oír por primera vez, en el salón noble del Cabildo insular, a este conjunto del que no tenía noticia, ahora me ratifico en la convicción de que tenemos en Canarias un coro excepcional. Otra cosa es que esta valía exija un reconocimiento, un empuje y una promoción para que no se encastille en un entorno limitado y pueda consolidar esa vocación de universalidad que la excelencia reclama, pasando, como decía D´Ors, de la anécdota a la categoría.

Me manifesté, cuando los oí y disfruté por primera vez, en este sentido y expresé mi desencanto cuando supe que, para mantener encendida la llama que les alumbra, tenían que buscar acomodo para sus ensayos en locales prestados y, ahora mismo, en los del Orfeón La Paz de La Laguna, cuando cuentan con el reconocimiento y el apoyo de directores nacionales e internacionales que les invitan a participar en festivales y encuentros en estos ámbitos. Pero aquí -parece confirmarse, lamentablemente, que nadie es profeta en su tierra- siguen sin contar con un patrocinador, ese sponsor que tanto se prodiga en la cultura anglosajona, donde sin duda ya habría surgido uno -o varios- con sensibilidad artística y sentido institucional o empresarial para promocionarlos por todo el mundo, porque categoría y calidad les sobran. Pero, por desgracia, en España en general y en Canarias en particular, del mecenazgo podríamos decir sin temor a equivocarnos que brilla por su ausencia.

Soy consciente de que el momento no es fácil, pero también lo soy de qué de la crisis que en sí es un capullo sale una mariposa. Y también de que la dificultad empuja y la prosperidad adormece. Y permítanme que repita algo de lo que escribí en febrero último acerca de este EVCT: “¿No merece un reconocimiento tangible con la creación de una plataforma que, patrocinándolo y apoyándolo económicamente, apuntale la ilusión de sus componentes que, hoy por hoy, contra viento y marea, es la que los mantiene?”.

En el descanso del concierto en La Orotava tuve ocasión de departir con su director, Antonio Abreu Lechado, que en su Orotava natal se sentía como pez en el agua y quien vino a decirme que me agradecía de verdad estas palabras, porque el grupo seguía creciendo en componentes y manteniendo no solo la excelencia sino la ilusión, pero que, para no perder ese entusiasmo contagioso que saben comunicar a quienes les siguen, necesitan afianzarse. Y también con Candelaria Gil, la presidenta del Ensamble, quien me manifestó que desde los Estados Unidos, Rusia y Colombia, entre otros países, se han interesado por el coro. R. Salguedo, del Conservatorio Nacional de Perú, ha escrito: “La belleza del Ensamble está en la interpretación. Su director es alguien que puede llevar a sus intérpretes a esta dinámica de emociones y cadencias que nos gustan. Un claro trabajo de empaste y de dinámicas que se exterioriza en sus interpretaciones. Evidente comunicación entre el maestro y el coro. Y desde Rusia, Andrey Gorchachey, director del Pokroff Chamber Choir Moscow, dice que “el Ensamble canta con gran profesionalidad”. Y en Francia, el compositor Jean François Christophe se manifiesta sobre “el buen trabajo musical y equilibrio vocal con un perfecto dominio de matices y la comprensión del carácter de las obras con mucha expresión”. Lo comparto y lo repito. Y aprovecho también para agradecer a Antonio Abreu sus palabras, salidas del corazón, antes de cerrar el programa, de que con los cantos espirituales negros sentían, con toda intensidad, lo que significaron para aquellos esclavos en la lucha por el más importante e irrenunciable de los derechos humanos: la libertad. Y para concluir unas palabras del pedagogo Joan Ferrer que resume muy bien el espíritu del Ensamble: “Cada cantante en mano del Maestro Abreu Lechado, es un intérprete entregado a su papel dentro de la obra, que viven sus frases con intensidad y expresividad, son partícipes del texto y de la música y esto se manifiesta en la plenitud sonora del conjunto”.

¿Hace falta algo más? Sí, que se entienda por quienes deben y pueden entender que la voz de un conjunto como el EVCT es una voz potente que puede portar, como pocas, el nombre de Canarias por todo el mundo. Y añado: Cultura, con mayúscula, es lo que hacen Antonio Abreu y su Ensamble Vocal. Aportaciones que liberan y educan, ennoblecen y dignifican, lejos de otras que adocenan, embrutecen y hasta esclavizan y que, a veces, irresponsablemente, se subvencionan y promocionan. Y para los integrantes del grupo, mi admiración y respeto por un trabajo bien hecho, sobresaliente, y por esa comunicación entre todos ellos que se traduce en empatía y llega al público y nos permite disfrutar en las butacas casi tanto como ellos disfrutan en el escenario.