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... y no es broma >

El esqueleto de Julia > Conrado Flores

   

La prestigiosa agencia internacional de modelos Elite decidió hace unos días designar a Julia Schneider como Cuerpo y rostro del año. Julia, una niña sueca de 15 años que hasta hace poco iba al pediatra, mide 179 centímetros y calza un 42. Hasta aquí, si exceptuamos sus medidas élficas y si lo contextualizamos dentro del absurdo mundo de las top models, no hay nada demasiado anormal. Lo alarmante es, simplemente, su aspecto. Como suele ocurrir en estos casos, el peso de Julia no ha trascendido pero es evidente que debe tener mucho cuidado de no pasear los días de mucho viento. En cambio, sí que lo han hecho sus medidas: 81-64-86, bastante lejos del estereotipo femenino del 90-60-90. En efecto, Julia tiene menos curvas que una portería de fútbol pero fue nombrada ganadora de este gran certamen entre los fuertes aplausos de sus compañeras finalistas. Bueno, tan fuertes como lo permite una dieta de menos de 1.000 calorías al día. Podríamos decir que la jalearon. El caso es que la semana pasada le dije a mi sobrina que estaba muy delgada. Ella, con cierto orgullo y con la sonrisa de alguien que se siente piropeada, me respondió: “soy la segunda más delgada de la clase”. Me preocupó mucho porque un ranking de estos se realiza por comparación y porque solo tiene 11 años. Se me pasó preguntarle por el puesto que ocupaba en el de Lengua castellana pero me da la impresión de que ese ranking es poco relevante entre las niñas de su clase. ¿Qué tipo de mensaje se está enviando a nuestras niñas cuando éstas ven triunfar patrones físicos enfermizos? A mí me gustan las mujeres delgadas, como a muchas mujeres les gustan los hombres delgados, pero no me gustan los esqueletos. Los de Halloween dan risa, los de las películas de terror dan miedo y el del aula de Ciencias Naturales da un poco de pena. Lo importante es que el esqueleto de Julia ha sido premiado y los medios de comunicación de medio el mundo se han hecho eco de la noticia. Ella no es la culpable, es una víctima. ¿Cómo explicárselo a mi sobrina?