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El farol > Óscar Herrera

   

Es cansino y repetitivo escribir sobre el Tenerife. Cada semana la misma partida, las mismas cartas perdedoras sobre el tapete. Las mismas fichas que se van al garete. Nos hemos acostumbrado a ser un mal jugador y a eso no debemos acostumbrarnos. Es triste en lo que nos ha convertido la desidia y el desgobierno que reina en el club. Hace sólo dos años celebrábamos en Primera un otoño de esperanza. Hoy deambulamos por Segunda B en un otoño de pesadilla. Lo fácil es dirigir el dedo acusatorio hacia Cordero o Calderón, pero siempre hay quien sale indemne de los fracasos. Concepción ha sido un artista para rodearse de escudos humanos que le desvíen la crítica. Y ahora que todas las miradas vuelven a dirigirse hacia el banquillo o la dirección deportiva, otra vez el causante de este desaguisado pretende irse de rositas de nuevo. Y por eso está callado, en silencio, escondido detrás del parapeto de un entrenador torpe e ineficaz, pero inocente de una trayectoria lamentable de este gran club. Y en breve invitará a la prensa a un desayuno, y entre croissant y café con leche, sacará sus cartas debajo de la manga para intentar ganar una partida que sabe bien él que va de farol. Con una pareja de tres, nos hará pensar que lleva una escalera de color. Y algunos, que calamos a los tramposos y tahúres, sabemos que eso es imposible, que se puede engañar a unos por un tiempo, pero no a todos para siempre. Y llegará la junta de accionistas y nos intentará convencer de que los números rojos del Tenerife son de monopoly y todo es un juego. Y no, la cascada de deuda y la bajada de ingresos son producto de la necia gestión deportiva que nos ha conducido hasta aquí. Y en una asamblea ficticia, solo para unos pocos, un coto cerrado para unos cuantos, intentará echar la culpa al empedrado y a la crisis global y hasta a Zapatero, ahora que parece el culpable de todo. Y por eso este Tenerife es lo que es, un club grande en historia y enorme en afición y sentimiento, pero empequeñecido y maltratado por unos dirigentes ineptos e incapaces. Ahora que todos miramos a Cristóbal, Tarantino, Kiko, Calderón y Cordero; hay un señor que sigue desgobernando el club y empeorando cada paso que da. Señor Concepción, háganos un favor a los verdaderos aficionados y, o saca un as verdadero de la manga, o deje sitio. No nos merecemos esto.