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Después del paréntesis> Domingo-Luis Hernández

El juramento > Domingo-Luis Hernández

   

Un comentarista político señaló lo previsible de su comportamiento: antes porque quien gobernaba debía proponer y no él, luego porque estábamos en elecciones y no era el caso, ahora, que inevitablemente va a gobernar, paciencia. No es muy concreto don Mariano Rajoy. Y sería un chiste de mal gusto descubrir en el Boletín Oficial del Estado los ajustes que inevitablemente don Mariano Rajoy ha de notificar.

En política lo que señala las hechuras de un líder son sus propuestas. No cabe suponer en este caso temor a la reacción de los que dieron la mayoría absoluta a quien debe revelarlas. Y es que sabemos que este país va a sufrir más de lo previsible. 16.000 millones de recortes anuncian los optimistas; 40.000 los expertos. ¿Cuál es la cifra a considerar y de dónde saldrá el dinero de la resta? Lo suponemos, porque eso es tan previsible como Mariano Rajoy. Ya lo oímos por su boca, aunque no sea explícito por el momento: Cataluña es el modelo. Se prevé: funcionarios con menos cava por Navidad, subida del IVA más pronto que tarde, más o menos 1 euro por receta dado que en España se tiran a la basura muchos medicamentos, etcétera, etcétera. Eso se sabe, como que habrá un ajuste brutal de las relaciones laborales.

Afirmó Mariano Rajoy que hasta no conocer las cifras no puede pronunciarse. ¿Qué significa esa frase?, ¿qué el gobierno del PSOE lo engaña, como proclama su correligionaria de Castilla-La Mancha Dolores Cospedal García?

Cultura política es el caso y en la cultura política la responsabilidad y el principio ineludible de actuación es anunciar los fundamentos del programa de gobierno. ¿Qué ocurre? Varias cosas. Una: Mariano Rajoy se sumergió en el rito de la investidura sin alteración alguna. Dos: Mariano Rajoy jugó al secreto. Lo anotado, si se mira bien, comporta una doble lectura. Por lo primero, asumir como principio la regularidad, sin sorpresas, sin fisuras. ¿Ese será su comportamiento en el gobierno? Por lo segundo, deducimos un acto absoluto de autoridad ante los suyos, en tanto no se conoció la estructura del Gobierno hasta la hora en que lo hizo público, llegó hasta el límite para dar a conocer los nombres de sus Ministros y nadie se fue de la lengua. ¿Ese será su comportamiento en el gobierno?

La transición de poderes ha sido impecable e incluso modélica en este caso. La foto que reprodujo en portada el pasado jueves el diario El Mundo lo sentencia: Rodríguez Zapatero con gesto cuasi beatífico y Mariano Rajoy en la piel del que ha de gobernar con la lluvia que está cayendo. Podría pensarse que Rodríguez Zapatero manifiesta una doble compostura: el convencimiento democrático con sus fundamentos y que la pérdida del gobierno le ha quitado de encima, dado lo sufrido en las últimas fechas, un ingente peso. En esas estamos. Que el PSOE se equivocó, sin duda; que el PP no ayudó, también; y que el PP fundó sus principios en el acoso y derribo sin compasión del gobierno, igualmente. Tanto que en el debate de investidura Mariano Rajoy no desdijo los no que ahora son sí y que Pérez Rubalcaba le recordó.

En esas estamos: la izquierda en su papel y bien situada, a pesar de los pesares. La cuestión no es plantear si Mariano Rajoy sabrá gobernar, incluso si el silencio que proclama en estos días será mortal. Lo que se plantea es que Mariano Rajoy ha de gobernar con mayoría absoluta y…

Comienza el periodo con ministros previsibles: los suyos y muy cercanos, los restos del impar José María Aznar, más, para que no falte (como en Italia y Grecia) un tecnócrata al frente de la economía, Luis de Guindos Jurado, jefe en España y Portugal de Lehman Brothers hasta que quebró en el año 2008, entre otras cosas, por el escándalo de las hipotecas subprime.

¿Es un buen gobierno este? Pongamos que sí, porque a pesar de los pesares y vengan de donde vengan una cosa tiene sin dormir a este país: que acierten, porque en ello nos va el futuro.

Pero cuestión de cultura política, repito. Y en eso Mariano Rajoy no ha estado fino. ¿Marcas del porvenir es lo que esa actitud manifiesta? Hoy más que nunca es imprescindible que la cordura se imponga, como ocurrió en los tiempos difíciles en los que un líder político llamado Adolfo Suárez actuó. Por ejemplo, el presidente primero de la democracia española dejó a un lado sus convicciones particulares y religiosas por la política y prometió en la toma de posesión de su cargo. Mariano Rajoy (al que después siguieron todos sus ministros, curioso) juró ante una Biblia y un crucifijo. ¿Ese talante es lo que señalará a Mariano Rajoy en el periodo de gobierno que le corresponde y que algunos han comenzado a llamar era?
Veremos.