X
Esto no se cobra> Cristina García Maffiotte

El norte > Cristina García Maffiotte

   

El sentido común agoniza en esta sociedad. Solo hace falta echar un vistazo a nuestro alrededor para llegar al convencimiento de que hay algo que falla; que la sensatez está, también, en crisis. Una mirada rápida, por ejemplo, a esas revistas-catálogos que los periódicos supuestamente serios nos regalaron el pasado fin de semana, basta para darse cuenta de que hay algo que no va bien. Sobre todo cuando esos mismos periódicos llevan en su portada, diariamente, los datos del paro y los índices de pobreza. Los contenidos supongo que vienen marcados por el departamento de publicidad, porque no me cabe en la cabeza que compañeros que cobran 800 euros mensuales hayan tenido la genial idea de describir con todo lujo de detalles, en una de esas revistas-catálogo, una bola de árbol de navidad firmada (?) por Louis Vuitton que vale 1.300 euros. La bola, monísima, casi tanto como las que te venden en el chino de la esquina a dos euros el paquete de diez, viene en una caja, igual de ideal, con el logo de la marca. Una caja además, que por tamaño, solo sirve para guardar botones y alfileres. Pero no es el único ejemplo de estupidez. La maleta-asiento “que permite hacer más llevadera las esperas en el aeropuerto” vale 790 euros. Diez veces más de lo que vale una maleta normal. Cuando todo el mundo sabe que lo único gratis (por el momento) en los aeropuertos son las sillas.

Y puestos a sugerir boberías; una rascadora eléctrica para limpiar la barbacoa a 139 euros. Que si usted, como la mayoría, hace una o ninguna barbacoa al año, con darle a su sobrino 10 euros para que se la limpie al terminar, por el dinero que cuesta la eléctrica tiene casi tres lustros de limpieza asegurada. Y sin esfuerzo. Y ya veremos si después de 15 años la eléctrica sigue funcionando. Cierto es que este tipo de suplementos siempre han existido, pero si antes se les criticaba por ser una oda al consumismo estúpido, ahora, con los tiempos que corren, son un insulto al españolito de a pie, parado o con un familiar en el paro, y agobiado por las deudas.

Pero ejemplos de pérdida del sentido común y de la medida no solo te los encuentras a pares en este tipo de catálogos. Baje usted por la calle del Castillo y verá tiendas que ofertan ¡orejeras¡ Un sol que raja las piedras, la gente paseando en mangas de camisa y en los escaparates ves ¿orejeras? Luego dicen los comerciantes que no venden; lo raro sería que le dieran salida a ese género, digo yo.

Y hay más ejemplos de falta de sentido común. Abres el periódico y lees cómo los medios tratan el caso Untalgarin y te das cuenta de que hay mucho titular pero faltan muchas preguntas porque, fuera de toda lógica, en este país, con una Constitución ya talludita de 33 años, todavía se escribe con ciertos miedos. Así, leemos que el Rey aparta de la familia real al yerno por su conducta “no ejemplar” y nadie va más allá. Palabra de Soberano y punto. Cualquier españolito de a pie, sin corona y sin su borbónica campechanía, le dirá al Rey que eso es una soberana tontería, que esto no funciona así. Que no basta con sacar la goma de borrar. Que si fuera tan fácil media España habría eliminado ya de su cena de Nochebuena al cuñado pesado, a la prima enteradita y al sobrino cabroncete. Pero no, no se puede hacer y por eso los encuentros familiares terminan en este país como terminan; con alguien cabreado. Y mejor aún es cuando te dicen sesudos y cortesanos periodistas que la infanta (qué bonita palabra, tan de este siglo) Cristina igual firmó cosas sin saber. Y lo dejan ahí. ¿Y nadie se pregunta nada más? Yo soy el Rey y estoy pidiendo que me devuelvan el dinero de los estudios de la niña, pero ya. Y las muestras de pérdida de sentido común se suman y continúan. Las ves en forma de coche oficial aparcado por fuera de un supermercado; o cuando lees que el hijo de la duquesa de Alba, jinete de ¿profesión?, llama vagos a los jornaleros; o te enteras de que a los herreños les cobran las llamadas que hicieron al 012 para advertir de los seísmos. Cuando lees y ves todas estas cosas solo puedes llegar a una conclusión lógica. Esta sociedad no es que esté sufriendo una crisis económica; es que ha perdido el norte.