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El osito de peluche > María Montero

   

Nos encontramos cerca de la Navidad y, aunque soportamos una crisis acuciante, que es compañera de viaje para algunos desde hace ya demasiado tiempo, mientras otros contemplan los toros desde la barrera, en estos días no debe faltar en nuestro árbol de Navidad un osito de peluche. Entendiendo que este osito puede ser el símbolo de muchos síntomas, entre otros, la ilusión de cualquier niño, que no tiene por qué saber sumar depresiones y números tristes en estado lamentable, ni pensar en cuántas cifras necesita para acceder a sus juguetes, por los que lleva esperando listas interminables de tareas escolares, y todavía para que los adultos decidan por él cuando ha de embarcarse en el fracaso escolar.

Si Papa Noel usara la magia para averiguar destinos, además de usar renos mágicos para distribuir ositos de peluche a granel en nuestros calcetines, posiblemente convertiría en carbón muchos dólares, más que nada para blanquear unas cuantas cuentas bancarias, y en otros árboles de Navidad colgaría ositos de peluche con un boleto de lotería premiado, esta vez sí con los números ganadores, con o sin fracaso escolar.

Pero, además, en esta época los niños se merecen un acercamiento real de los gobiernos a sus hogares y, cómo no, todo político responsable ya debería estar enviando a las chimeneas navideñas ositos premiados, pagando sus facturas y saldando deudas pendientes, o bien dedicar su paga extra a blanquear la crisis económica, más que nada por si acaso todo acaba convertido en carbón, y ya se sabe que, de carbón a diamante, aun usando la misma forma geométrica, hay una sutil diferencia.

Fue entonces cuando vi clara la reconversión de la deuda en bonos navideños, y al premiar los políticos las ilusiones de los ciudadanos y dejar de ser éstos hipotecados en sus compras navideñas, comenzaríamos a remontar este mal karma (causa y efecto), y de paso solucionaríamos la depresión infantil. Y recapitulando, en algunos países se regalan presentes, pero en otros lugares los niños reciben el mismo juguete de la Navidad anterior. Así me parece adecuado invitar a nuestro presidente, Paulino Rivero, al audaz José Manuel Soria y, por qué no, a José Manuel Bermúdez, a Rafael Yanes o a Clavijo, y a José Miguel Pérez, o a nuestro entrañable Ricardo Melchior, y a todas las entidades para que regalen bonos navideños, para levantar entre todos este karma bursátil, para repartir juguetes sin escatimar en ositos y niños, y para así recordar que el pueblo canario es un pueblo solidario.

Es en estas fechas cuando quizá por tradición y no por solidez bancaria nos ponemos todos un poco a prueba y hacemos balance personal y social acerca de nuestra relación con el espíritu de la Navidad del cuento de Dickens. En este cuento se relataban las navidades pasadas, presentes y futuras, y al final la avaricia dormida se despertaba y se rendía ante la pobreza consciente, y las monedas atrapadas se reconvertían en generosidad. Si esto sucede, en esta Navidad del planeta, además de equilibrarse la balanza entre el dar y el recibir, quizá podamos entrever que la riqueza y la pobreza son la misma lección, obviamente, en distinta cara de la misma moneda. Si damos, recibimos. Si acumulamos, nos estancamos. Hay que agradecer al DIARIO, como icono de solidaridad ciudadana, su apoyo a campañas solidarias navideñas, y se debe recordar a los ciudadanos la recogida de juguetes en el Puertito de Güímar, entre otros lugares. Puede que las navidades sean oportunidades para ser parte activa en la felicidad ciudadana, lavar nuestro karma y honrar a los niños, y para acercarnos a ellos, volviendo a ser niños.

mirandonosss@hotmail.com