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El Pichón> Oscar Herrera

   

Un partido entre el Real Oviedo y el Tenerife fue un clásico de los 90. En la época mas dorada de ambos clubes, esos enfrentamientos eran partidos con fútbol y una buena dosis de morbo. Es curioso como puede originarse una rivalidad entre clubes que todavía hoy se recuerda en la capital del Principado de Asturias. Además, la presencia del exovetense Jorge Perona en el Tenerife actual, ha revivido aquellos piques de hace 17 años.

El morbo empezó cuando el Tenerife trae a la Isla a dos jugadores del eterno rival carbayón. Primero Felipe Miñambres y luego Juan Castaño Quirós, el Pichón de Roces, el gran Juanele. A partir de ahí se abrió una especie de rivalidad con el Tenerife que se veía refrendada cada vez que los blanquiazules de la Isla jugaban en el viejo Carlos Tartiere. El Tenerife era recibido con aires hostiles y la pitada era atronadora cada vez que Juanele tocaba un balón.

El mago gijonés se crecía. Recuerdo hablar con él la tarde previa a un partido en Oviedo, de paseo por la ciudad me lo encuentro junto a Julio Llorente y nos sentamos a tomar un café cerca del Teatro Campoamor. Le dije: “La que te espera mañana”, a lo que él respondió con esa sonrisa pícara que le caracterizaba: “No, la que les espera a ellos”. Y así fue, partidazo de Juanele, al que de manera despectiva 15.000 aficionados ovetenses le gritaban: “Aldeano, aldeano”, y el Pichón cogía el balón, lo retenía y sacaba de sus casillas a los defensas del Oviedo.

Luego llegaría el fichaje de Slavisa Jokanovic por el Tenerife y una buena relación de clubes con sus presidentes Eugenio Prieto y Javier Pérez, pero que no hicieron olvidar a los carbayones que en el CD Tenerife había un aldeano, de un barrio al sur de Gijón llamado Roces, que se las liaba cada vez que se enfrentaba a ellos. Hoy el Pichón esta enjaulado, hoy el Pichón ya no vuela, no sonríe y la vida le ha dado bastantes palos. Y es una pena, porque nunca fue un mal tipo, solo un genio que quería volar libre, y que aquí en Tenerife lo consiguió. Fue feliz y nos hizo felices a todos los chicharreros. Los goles al Oviedo, sus amagues, sus regates, los goles al Barcelona, y sobre todo aquella mágica noche del Heliodoro ante la Lazio, no permitirán que le olvidemos. Te mando un abrazo Juan, vuela pronto, vuelve a ser feliz.