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El precio > Alfonso González Jerez

   

Hace un mes y medio garrapateé un articulejo estúpido sobre la previsible dinámica del Gobierno de Mariano Rajoy durante sus primeras semanas. No he acertado media línea. El propio discurso de investidura del presidente fue más un conjunto de intenciones y estados de ánimo que un programa político dotado de acciones y medidas específicas. Si una economía casi infartada y cuatro millones y medio de parados no imprime ninguna celeridad al pulso político, ¿qué puede hacerlo? Es un hecho escandaloso pero nuestra consuetudinaria estupidez no lo registra. Ahora el nuevo ministro de Economía, Luis de Guindos, vaticinaba que el país está en recesión -o entrará muy pronto en crecimiento negativo – y proclamaba que su departamento tenía una cartera de reformas “muy profundas y muy amplias”. Por supuesto, no concretó ninguna. Curioso momento político: todos intuimos lo que hará este Gobierno de funcionarios de alto copete dedicados con fruición al negocio de hacer política y a la política de hacer negocios, pero el Gobierno, todavía, no se atreve a decirlo. Tendrá que proporcionar algunas pistas en la ley que prorrogue los presupuestos generales del Estado vigentes, pero es un proyecto legislativo que deberá presentar en tres días, y todavía casi dos tercios de los secretarios de Estado -los que se ocupan y bregan con la gestión cotidiana- no han sido designados. ¿Cuándo le dijo Rajoy al señor De Guindos que sería ministro? ¿La tarde de su investidura? Resulta insólito que todavía no se entienda que la principal virtud de Rajoy no es la prudencia, sino la pachorra. Por supuesto, lo principal del breve discurso del señor De Guindos es eso de los acicates. La exacerbación de la crisis es un acicate para emprender las reformas. Las suyas, por supuesto, que crecen en la intersección entre el trogloditismo de la derecha española y la elegancia letal de la Escuela de Viena. A mayor depresión de la economía mayor presión para recortar gasto e inversión públicos: con toda seguridad, los 16.000 millones para recortar el déficit apuntados por Mariano Rajoy se transformarán en más de 20.000 millones el próximo año. El mismo año en el que se superarán los cinco millones de parados, en el que habrá que amortizar unos 120.000 millones de deuda pública, en el que vencen un cuarto de billón de euros de deuda privada y en que se deberá evaporar una cantidad colosal para el saneamiento del sistema financiero español (rescatar la Caja de Ahorros del Mediterráneo puede salir por 15.000 millones, ella solita). La crisis no es un estado de excepción, sino un salvoconducto para reorganizar y priorizar las exigencias del capitalismo globalizado. El precio global, sin embargo, les parece asumible a Rajoy y compañía. El precio somos nosotros.