X
Nombre y apellido >

Guido Kolitscher > Luis Ortega

   

La exitosa Noche en Blanco de La Laguna -integrada con éxito en el calendario de la hermosa ciudad- me permitió el reencuentro con Elena y Guido Kolitscher y me devolvió a los años setenta, a la redacción de La Tarde, cuando Eliseo Izquierdo, responsable de la sección cultural y culto crítico me presentó a un joven desertor de Austria para residir en La Gomera y de la carrera de Medicina para desarrollar una vocación plástica que se exacerbó ante la geografía y el colorido fantásticos de la Isla a la que, desde entonces, dedicó su vida y su trabajo. Los grabados y los óleos con los que nos saludó en la velada lagunera, una cuidada selección que revela la audacia y perfección alcanzadas con la estampa y la madurez pictórica que, de las pinceladas sueltas y con mucha materia, pasó a un personal divisionismo de extraordinaria exactitud, con golpes de color menudos, con los que compone paños azules de cielos y distancias y los verdes prístinos, variados, cuasi jurásicos, que definen un territorio con amplios espacios vírgenes y, como toda Canarias, con lamentables excesos urbanísticos. Con esta muestra, Kolitscher, un obstinado y afortunado autodidacta, rompe una vez más con la convención del aguafuerte, tanto el derroche cromático como en la distribución del tema en varias partes y, con cierta complicidad clásica, con tondos, medio puntos y formatos de sorprendente originalidad. En paralelo a creación artística, a través de la fundación de su nombre y el Taller Insular de Arte, realiza una importante función didáctica que, desde 2007, fecha de su apertura ha superado la cifra de los mil alumnos, en su mayoría jóvenes que se apuntan a la aventura de interpretar con rigor técnico y absoluta libertad expresiva la compleja y hermosa realidad que habitan, a través de las técnicas más diversas, desde el dibujo y la estampación en papel en todos sus modos, a la decoración en madera y vidrio y la encáustica, una modalidad en la que el cubano-gomero José Aguiar, uno de los grandes muralistas del franquismo, realizó sus obras más ambiciosas, incluidas las decoraciones del Cabildo de Tenerife y la Basílica de Nuestra Señora de Candelaria. Por unas horas, la sala y el taller de Torres pareció la animada sede de las tertulias culturales de la galería Luna en la Villa de San Sebastián, una excepción en el desierto cultural de la isla desde su inauguración hace la friolera de veintidós años. Lo más notable y gratificante del reencuentro es la sorprendente capacidad de Guido para sumar nuevos descubrimientos a un territorio recorrido palmo a palmo.