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Hoy y ahora: Canarias debe hablar

   

Existen razones más que sobradas para determinar que Canarias se encuentra muy cerca de la frontera que separa una sociedad en graves dificultades con otra instalada en una auténtica emergencia social. Tenemos la mayor tasa de parados de Europa (a excepción de la isla de Reunión, con 800.00 habitantes y con una economía de base agraria), las mayores cifras en jóvenes sin empleo, en parados de larga duración, en familias al borde de la exclusión social, en porcentaje de personas que recurren a la ayuda social…

¿Qué hace falta para que se enciendan todas las luces de alarma? Una última vuelta de tuerca. Por ejemplo, que un Gobierno español, obligado por sus acuerdos con los líderes de la Unión Europea, venga a reducir o eliminar parte del paquete de ayudas, subvenciones y bonificaciones que nos ha permitido disfrazar durante los últimos tiempos, en un peligroso y falso carnaval, la ineficiencia e ineficacia de nuestro modelo de desarrollo. Y ese, justamente ese, es el mañana al que nos dirigimos de cabeza.

Es una evidencia objetiva que sólo el éxito del sector turístico nos ha permitido frenar la catastrófica deriva de nuestra economía. Y pese a que los cambios de modelo económico ni son fáciles, ni son rápidos, ni tienen otros protagonistas que los propios empresarios de las Islas, son las decisiones y acciones políticas las que arbitran las condiciones para que las iniciativas privadas tengan posibilidad de desarrollarse. Llevamos décadas hablando de la diversificación de la economía canaria, pero ese propósito ha quedado reducido a tímidas iniciativas que, en la actualidad, no nuclean ninguna alternativa sólida.

La tarea de repensarnos seriamente en el terreno de juego de un nuevo Régimen Económico y Fiscal es importante. Porque podría ponerse al servicio de un comercio más libre y una agricultura de autoabastecimiento complementarios, ambos sectores, de un turismo que también debemos consolidar. Pero eso es pasado mañana. Lo que toca hoy es afrontar una emergencia para la que resta muy poco tiempo.

Las Islas Canarias deben convertirse en un asunto de Estado. Y de ninguna manera puede quedarse esta frase en un enunciado político dicho por un presidente de Gobierno. La gravedad de la situación en la que estamos tiene que aterrizar en el corazón de la soberanía de las Islas, en el Parlamento de Canarias, para que se plasme en el acuerdo de todos los grupos políticos sin excepción.

Debemos luchar con uñas y dientes para que el Archipiélago quede guarnecido de una austeridad presupuestaria que el nuevo Gobierno de Mariano Rajoy va a tener que aplicar si quiere sacar adelante España y afrontar una reactivación de la economía.

Lo que reclamamos, aquí y ahora, es un acuerdo unánime de todas las fuerzas políticas del Parlamento de Canarias para que se solicite a las Cortes españolas y al nuevo Gobierno que se formará en diciembre un plan urgente de actuaciones en las Islas Canarias, a tenor de sus excepcionales circunstancias y la gravedad de todos sus indicadores sociales y económicos.

Nadie que repase brevemente una radiografía simple de la situación de nuestra economía puede ser ajeno al peligro al que nos enfrentamos si las compensaciones a nuestra agricultura de exportación, nuestros incentivos turísticos o nuestras subvenciones al transporte o a la producción eléctrica, por poner sólo algunos ejemplos, sufren parte de los inevitables recortes que planean sobre las actuaciones del nuevo Gobierno español.

Mañana tendremos que ser responsables de nuestro futuro y afrontar los cambios que se derivan de nuestros errores y torpezas pasados.

Pero hoy, porque necesitamos más tiempo, debemos pedir que se nos permita llegar a mañana.

Y ésta es la gran tarea que deben cumplir los que nos representan a todos si quieren realmente estar a la altura de lo que Canarias espera de ellos.