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Nombre y apellido > Luis Ortega

Iñaki Urdangarín > Luis Ortega

   

Tarde y mal. El esperado comunicado del yerno del rey se difundió -para garantizar una buena audiencia- antes del clásico Madrid-Barcelona y, con la astuta previsión de que las secuelas del partido paliarían los ecos de asentimiento, estupor, rabia y cabreo que la breve declaración produciría, presumiblemente, entre los consumidores de información. En cualquier caso, a todo informador imparcial -dejemos a un lado el socorrido recurso de presunción de inocencia que aquí se aplica de modo interesado y cuando las evidencias se desbordan- se le quedó cara de tonto con un texto de apenas cincuenta y cinco palabras, en el que, con estulticia o cinismo, parece desviar arteramente el problema a “la acumulación de informaciones y comentarios relativos a mis (sus) actuaciones profesionales”. ¿Qué cerebro esclarecido parió esta línea argumental para llegar a la conclusión de que las opiniones en torno a un sumario abierto son “la causa del grave perjuicio a la imagen de mi familia y de la Casa de su Majestad el Rey, que nada tienen que ver con mis actividades privadas”? Naturalmente. Hasta ahora nadie, en su sano juicio alberga esa duda, por lo que el comunicado, de entrada, resulta ocioso y, sobre todo, chocante, porque el señor duque de Palma, en distintas entrevistas de televisión, y cuando iniciaba las actividades del Instituto Nóos, sin ánimo de lucro, dio lecciones de ética, con el mismo desparpajo con el que, a la vez, fue empresario autodidacta, porque su biografía se compone e ilustra pura y exclusivamente de su vieja y elogiada dedicación al balonmano.

En su esperada manifestación, además de la necesaria y exigible exculpación de su regia familia política, no aparece el más leve arrepentimiento por una actuación dudosa y, al margen del resultado judicial, reprobable; ni el más leve atisbo de pedir perdón a los perjudicados: las instituciones, manejadas por personajes sin escrúpulos que permitieron y facilitaron un posible delito, y los ciudadanos, con cuyos impuestos, se lucraron presuntamente los imputados y por imputar. De este caso, que trae cola como la del pavo real, sólo quedó algo claro que, a partir de ahora, el señor Urdangarín ya tiene un portavoz, seguramente más sagaz y menos arrogante, para informarnos (no sabemos si con la misma opacidad con la que hasta ahora se ha llevado el asunto): el abogado del Colegio de Barcelona, Mario Pascual Vives, “que será la persona a hablar en su nombre”. Entre tanto, el celebrado deportista y sospechoso empresario recibió el apoyo moral de la reina, que lo visitó en su residencia de Washington, y las ambiguas notas de la Casa del Rey, que recuerda que la familia es la familia, claro.